QUÉ ES UN ESTADO

La ligereza con la que tantas veces el independentismo habla de «colapsar» al Estado o de «ponerle contra las cuerdas» tiene su fin de recorrido en la rendición sin condiciones y sin contrapartidas de ETA. No hay nadie, absolutamente nadie, que pueda librar una guerra contra un Estado y ganarla. No pudieron ni siquiera aliándose, Pablo Escobar y los guerrilleros —con la ayuda de ETA, por cierto—, contra un Estado como el de Colombia, que además no era ni es de la consistencia ni de la fortaleza de España.

Se puede molestar a un Estado, ponerlo en problemas, desangrarlo. Puede que todavía tengamos que conocer nuestra noche más triste, que hoy no podemos ni imaginar. Pero el independentismo tendría que estudiar detalladamente lo que ha sucedido con ETA, y cómo el dolor que la banda causó no fue nunca la metáfora de nada, y sólo fue dolor; y nunca fue la solución, sino el problema; y nunca significó la libertad, sino la infamia.

En su dinámica del «cuanto peor, mejor», el independentismo va a terminar exactamente igual, y el daño que causen a la economía y a la convivencia, o los «muertos en la calle» a los que de vez en cuando aluden algunos de sus propagandistas —siempre los más lerdos— serán simplemente dolor y nunca una puerta abierta hacia un futuro mejor. Los Estados se mueven poco, pero cuando se mueven son imparables. Entrarle a un Estado es el error transversal y clásico de las más deslumbrantes derrotas que la Humanidad ha conocido desde el principio de la Historia.

En su comunicado de defunción, ETA muere tan macarra como vivió, pero lo que importa es nuestra victoria y su derrota, la tristísima lección de que el dolor sólo causó dolor, y la advertencia de que un Estado siempre resiste y siempre gana, y que es sólo cuestión de tiempo que los rebeldes acaben vencidos, rendidos, y si es necesario, aplastados.

Salvador Sostres ( ABC )