¿ QUÉ ESCONDE SÁNCHEZ, QUE SU AMISTAD PROCURAN ?

Paso a paso, el nacionalismo ha ido desvirtuando al PSOE. Así, González se refería a la «España diversa», consciente de que el pluralismo tiene que ver con las ideas y no con las identidades; pasando luego Zapatero a hablar de la «España plural» y ahora Sánchez de la «España plurinacional».

Dos presidentes estos últimos, por cierto, que ni siquiera tienen claro lo que es una nación. Para uno, es un concepto discutido y discutible, y el otro no le perdonará jamás a Patxi López que le espetara en las primarias aquello de «vamos a ver, Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?». El ex lehendakari no tuvo respuesta, pero sí escarmiento por decir que el hoy presidente estaba desnudo. ¡Cómo no entender, por contra, la felicidad que le produjo a Otegi que un presidente como Zapatero «acepte la evidencia de naciones distintas a la española» y que ahora Sánchez siga su senda!

No hace falta haber leído a Richelieu para saber que un buen político es aquel que sabe cuándo abandonar los principios y, si para conservar el poder, hay que reconocer que España es un Estado plurinacional se hace desandando su historia que entronca con la Revolución Francesa y que tiene su mejor expresión en la tumba de Marat: Unité, Indivisibilité de la République; Liberté, Egalité, Fraternité.

De momento, la estrategia que se prevé suicida para la nación española le está reportando notables éxitos a corto plazo a Sánchez. Al igual que Zapatero en la campaña de 2008, trata de inducir a los ciudadanos, dándole la vuelta a la realidad, de que necesita un mayor respaldo para librarse de las ligaduras que le atan al potro de tortura de las minorías nacionalistas. Con esa pamema, Zapatero mejoró su resultado del 2004 y no cejó -como era palmario- en su entreguismo hasta que se desplomó el suelo bajo sus pies a causa de la crisis.

Como aquel hizo en cuanto se cerraron las urnas, Sánchez retornará a emparejarse a los nacionalistas, tras una postiza porfía. No en vano, tras el referéndum ilegal del 1-O, no se le ha ocurrido otra que premiar a los golpistas ofreciendo más autogobierno. A ellos, de seguro, prodigará las correspondientes medidas de gracia. Una burla a la Justicia y al Estado de derecho, salvo que los españoles se planten en las urnas.

No cabe mayor prueba de realidad para una democracia para realistas a los que el miedo a la verdad no les conduzca al autoengaño. Como escribe el escritor y guionista francés Éric Vuillard en El orden del día, premio Goncourt 2017, las mayores catástrofes, a menudo, se anuncian paso a paso. «Nunca se cae dos veces en el mismo abismo -concluye Vuillard-, pero siempre se cae de la misma manera, con una mezcla de ridículo y terror».

Francisco Rosell ( ElMundo )