¿Qué debe ocurrir para que los españoles, sientan que lo son?

Hablando más claro: ¿Qué esperan los españoles para darse cuenta de que les falta la cualidad esencial inseparable de quienes hicieron a España grande, pues nada les has hace reaccionar? ¿Cómo es posible que aguanten estar gobernados por unas cabezas huecas, cuya estupidez más denigrante, rezuma por todos sus poros?

Han convertido a nuestra Patria en “una pelota” a los pies delos europeos, con la que  juegan al futbol. Somos el hazmerreír del mundo entero. No llegamos ya,  en dignidad y vergüenza, a quienes se ganan la vida vendiendo su cuerpo por las calles. He tenido toda mi vida por “estrella-guía”, la frase de José Antonio en la que define la dignidad “suprema” como: ¡ser español!,  pero,  hoy, al ver la degradación infinita que soportamos, dudo si resistiría al ofrecimiento de “ser cualquier cosa antes que español.”

La vergüenza que siento no tiene límites, al ver a nuestro Ejército como algo  inservible, y  a la “especie” más putrefacta sosteniendo las riendas de lo público –y hasta de lo privado,  pues son vasos comunicantes–, pero,  sobre todo,  las  de “las Altas Instituciones” del llamado “Estado de Derecho”, cuya denominación me hace reír a carcajadas, tanto como el de “nación democrática”, –equivalente a nación degenerada–. Se me están agotando hasta las ganas de escribir viendo la inutilidad de pedir a los españoles que “despierten”.  ¿Vale la pena, realmente, defender esta caricatura de hombres llamados españoles?

¿Merecería uno ser llevado a los tribunales por pensar que “han castrado” a quienes deberían ser la esencia de la virilidad como herederos de las glorias de los Tercios Españoles? ¿Vale la pena gastar dinero en mantener el Ejército ese, cuya misión es enviar a sus soldados a morir, lejos de la Patria, a las órdenes de los hijos de Satanás, que dictan sus ucases al Mundo –por medio de esos cabrones insuperables y multimillonarios como Gates y Soros– y son incapaces de barrer de mierda el suelo patrio?

Si yo fuera un viejo  militar, tiraría a la basura,  las medallas merecidas en la defensa de España, para no burlarme de mis antepasados,  ni ser cómplice de la traición al compromiso con la Patria,  de quienes hoy mandan las Fuerzas Armadas y reciben las órdenes de una Ministra que, — como todo el Gobierno de España–,  está empeñada en su desaparición, previa consumación de su  ruina total.

¿No se ha enterado esa jefa de los Ejércitos de que todos los  Decretos salidos de la Moncloa –evitando las Cortes—tienen como único objetivo: acabar con los instrumentos de producción de riqueza?

Esos comercios, industrias, oficinas de viajes, etc., que permiten a los españoles, poder  trabajar y, así, llevar el pan a sus hijos. Sus canalladas las realizan a plena ciencia y conciencia acatando las órdenes de la Sinagoga de Satanás,  cuyos representan conocemos todos, pues ya ni se ocultan. Es más, son los únicos que tienen entrada libre en la Moncloa y a ellos acude el embustero que dirige el Gobierno, cuando  no sabe qué hacer… –o sea, cada semana, o cada día–.

Y,  ante esa realidad los españoles estamos demostrando al mundo que somos un pueblo de imbéciles a los que nada ni nadie logra despertar y hacer reaccionar. Esto es lo de más difícil digestión para mi estómago –que no peca de delicado–: Tener claro que formo parte de un pueblo, empeñado en demostrar al mundo, ser despreciable por su falta de inteligencia y atributos viriles.

No me canso de repetir a mis compatriotas que abran los ojos, piensen y reaccionen,  pero el resultado es absolutamente nulo. Lamento tener noventa y tres años y no treinta y tres. Les garantizo que, ante un panorama como el actual, nada me habría impedido tomar el camino adecuado y haber provocado la “actuación” de la juventud.

O es que,  ya,  en España. ¿No hay jóvenes como los que en 1936 “dieron voltariamente y sin miedo a perderla”  la vida, por limpiar el suelo patrio de porquería roja, separatista, sionista y criminal?

Nunca ha sido,  el número,  la clave de las grandes y decisivas gestas. No eran muchos los requetés –y menos los falangistas– y pudieron despertar a las derechas comodonas (que luego, eso sí, como son tan listas  “recogieron las nueces” caídas del árbol movido por  los héroes y los mártires y se forraron. Luego,  sus hijos, han sido los mayores traidores canallas que hemos visto dirigiendo la neutralización de la Victoria y la destrucción de España.

Se me han quitado las ganas de seguir escribiendo. Espero haber dicho lo suficiente. Quizás a más de un joven le sea útil.

Gil de la Pisa Antolín ( El Correo de España )