QUE LA REALIDAD SE IMPONGA

Dentro de su periplo por las tierras de España en este tiempo difícil, los Reyes estuvieron ayer en el País Vasco. Su presencia tenía el mismo objetivo que en otros lugares: agradecer el sacrificio de la sociedad, animar a la reconstrucción y hacer palpable la unidad nacional que representa la Corona. Pero todo eso cobra un tono especial en tierras vascas.

Hace apenas unos días las elecciones autonómicas constataban la abrumadora mayoría del voto nacionalista, aunque eso no puede traducirse mecánicamente como mayoría que desea el desapego de España. Quizás una presencia más activa y frecuente de los símbolos de la nación haría más fácil que muchos vascos mostraran con naturalidad su sentimiento español en la calle, sin que eso signifique ninguna mortificación para su condición de vascos.

Tengo grabado el descubrimiento revelado por un antiguo nacionalista, que militó en ETA durante el final del franquismo, de que más España equivalía a más libertad. Esa aguda observación provocó un verdadero cambio de agujas en su vida, y siempre he pensado que deberíamos profundizar en esa perspectiva, hoy silenciada en la sociedad vasca.

En todo caso el Rey, con su sola presencia, lanza un mensaje elocuente: participamos desde hace muchos siglos en una misma aventura histórica, cuyo éxito depende en buena medida de una unidad fecunda que no anula la genialidad de cada uno de sus elementos.

Cuando se superan el griterío y los eslóganes vacíos, cuando se abre la estrechez de la ideología, cualquier español se siente en el País Vasco como en casa, y cualquier vasco puede tener idéntica experiencia en cualquier otro lugar de España.

De hecho el intercambio económico, social y cultural es intenso y constante, por fortuna para todos. Pero no es tarea sencilla lograr que la realidad se imponga a los juegos de luces y sombras en una sociedad que no se decide a hacer cuentas con su pasado reciente. También a eso ha podido contribuir la presencia de Don Felipe.

José Luis Restán ( ABC )