QUÉ MAL TAN BUENO

Tras cada Consejo de Ministros, Isabel Celaá llega a la sala de prensa cargada con un zurrón de adjetivos. Más que portavoz parece bertsolari y como persista en esta deriva lírica llegará el día en que consiga lo que ninguno de sus predecesores: terminar la comparecencia sin haber pronunciado un sólo verbo. El verbo le imprime acción a la frase y Celáa no está tan interesada en informar de lo que hace el gobierno como en calificarlo. Precisamente porque este gobierno no pretende que se le juzgue por sus resultados sino por su intención.

 Esta sustitución de la política por la cosmética es algo que ya exploró Zapatero con notable éxito. Durante seis años comprobó que hay una parte del electorado que prefiere ser una víctima de la buenas intenciones antes que el beneficiario de una política impopular.

La autopista que conduce al lado correcto de la historia tiene peajes. El que Zapatero se condenase cuando tomó las decisiones necesarias, aquel mayo de la epifanía, no hace sino confirmar esta pulsión algo suicida. Diablos, le habíamos votado para que nos confortase, no para que nos gobernase.

Como no soy Celaá, vengo con ejemplos. El de los huesitos de Franco es cómico. Que, después de que la operación procurase la revitalización de Cuelgamuros, lo que queda del dictador pueda terminar en un lugar céntrico y bien comunicado, catedralicio, demuestra que, paradójicamente, todo consistía en un formidable y espectacular homenaje. Luego, que improvise el bertsolari.

La historia del impuesto hipotecario es otra muestra de lo cara que se ha puesto la cosmética. Quien lo recauda es, quién si no, el Estado y al Gobierno nadie le impide suprimirlo. Es probable que al ciudadano termine costándole más el truco que el trato pero hay quien prefiere perder con el alguacil antes que ganar con el banquero. ¡Siempre gana la banca!, lamentan los perezosos. No, hombre, quien siempre gana es el burócrata justiciero, que antes ya recaudaba el dinero y ahora también los aplausos.

Bruselas informa de que la subida del Salario Mínimo frenará la creación de empleo, con lo que habrá quien se quede sin el más mínimo salario. Pero todos estos son males muy bienintencionados.

Este Gobierno está en contra de las reválidas. Por eso no ha sido usted todavía convocado a la urnas. Hasta 2020 hay mucha pedagogía por hacer. Queda aún mucho desalmado convencido de que en política no hay peores intenciones que las que se dicen buenas intenciones. Con lo bien que sienta transitar por el lado correcto de la historia. A pesar de lo carísimos que son los peajes.

Rafa LaTorre ( El Mundo )