¿ QUÉ O A QUIÉN PROTEGE ÁBALOS ?

En democracia, la verdad debería ser sagrada. Un patrimonio colectivo de la ciudadanía, indispensable para el ejercicio pleno de sus derechos, merecedor del correspondiente amparo legal en el ámbito de lo público. Pero digo bien «debería», porque en España ocurre justo lo contrario.

Este gobierno ha convertido la mentira en epicentro de su acción política y herramienta de manipulación sistemática, desvergonzada, desafiante, no solo impune, sino tremendamente rentable en las urnas merced a la complicidad de casi todas las televisiones.

En la madrugada del lunes al martes pasados, el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, subió a un avión de bandera venezolana para entrevistarse durante cerca de una hora con la número dos de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, incluida en la lista de 25 personajes del régimen chavista proscritos de la Unión Europea por «ser responsables de violaciones de derechos humanos y de socavar la democracia y el Estado de derecho en Venezuela».

Cuando el digital «Vozpópuli» desveló la noticia, él la negó. Al verse acorralado por la abundancia de testigos, reculó diciendo que a quien iba a ver era a su homólogo venezolano, de quien se declaró buen amigo. Luego abroncó de manera chulesca a los periodistas por su mala costumbre de preguntar, cuando deberían limitarse a emitir comunicados y difundir las filtraciones cocinadas por Iván Redondo (esto último no lo dijo, aunque se sobreentendía).

Vino después la versión que implicaba al responsable de Interior, Grande- arlaska, quien le habría llamado para pedirle que, aprovechando que pasaba por allí, disuadiera a Rodríguez de pisar suelo español. Y finalmente salió al rescate el presidente, Pedro Sánchez, asegurando su mano derecha en el PSOE abordó de manera heroica una grave crisis diplomática y la resolvió con éxito.

En cualquier nación con menos tragaderas que ésta Ábalos habría dimitido ya o, en su defecto, habría sido cesado. Aquí su jefe le pone medallas mientras ofende a Juan Guaidó con su desprecio y se desmarca del consenso europeo respecto del país hermano, lo que nos autoriza a pensar que estamos ante un recadero sorprendido «in fraganti» en Barajas cuando desempeñaba labores de fontanería pringosa. ¿Cuáles? Esa es la cuestión. Y a falta de información fiable, es lícito especular…

Lo primero que viene a la cabeza es lo más obvio: que el comodín de Sánchez acudiera a pedir perdón en nombre del Ejecutivo a la sicaria de Maduro por impedirle entrar oficialmente en España. Al fin y al cabo, el vicepresidente Iglesias y Podemos tienen mucho que agradecer al chavismo, que bien podría airear trapos sucios en represalia por un trato juzgado insuficientemente acorde con estos favores pasados, ahora que sus niños mimados gozan de tan alta posición.

Claro que, de ser así, ¿por qué no fue a humillarse el propio Iglesias? ¿Porque es más listo que Ábalos? Pensando peor, lo cual en política suele ser garantía de acierto, es plausible elevar el tiro y apuntar a José Luis Rodríguez Zapatero, el «príncipe» de Delcy Rodríguez, presunto mediador entre los usurpadores del poder en Venezuela y la oposición perseguida, de quien esta última renegó hace tiempo por su flagrante parcialidad en beneficio del dictador. ¿Sería el ex presidente la pieza a defender de un escándalo?

¿O sería acaso su embajador en Caracas, Raúl Morodo, incurso en una causa judicial por haber recibido más de treinta y cinco millones de la petrolera PDVSA? ¿Y si todos esos dólares no hubieran ido íntegramente a los bolsillos del encausado? ¿Se estaría protegiendo entonces el dinero? En ausencia de verdad, yo apuesto por todo el conjunto.

Isabel San Sebastián ( ABC )

viñeta de Linda Galmor