Hoy me siento impelido por una exacerbada intolerancia en respuesta a la  mística falsedad de la necesaria y exigible tolerancia ciudadana, proclamada desde el poder por el “execrable” ZP, trágala perpetuo del ascético y espiritual deshecho de la política nacional y origen de todas nuestras actuales desgracias y desazones; su misticismo no era sino una pasión irrefrenable orientada a proporcionarle el supremo gozo de ver como España empezaba a tambalearse, cual borracha, que asume y sigue los consejos provenientes del infecto zaquizamí, lugar donde se reúnen las más doctas y leales promotoras de los cuerpos hablantes o del feminismo más grotesco, absurdo, esperpéntico y humillante; la entusiasta adhesión del “ilustre bobo” a la tan camaleónica como criminal ideología socialista/comunista le llevó a ejercer su tolerante pontificado sin mayores contrariedades ni inquietudes, al menos, en el ámbito de las ideas o de los valores y principios que rigen una sociedad, pues, la oposición se congregaba en un corral de gallos sin cresta ni atributos.

No recuerdo donde he leído el apotegma que se cita: “la tolerancia y la apatía son síntomas de una sociedad enferma”, sin ir más lejos, eso es lo que vienen pretendiendo tanto el referido socialista como el desesperanzador relevo, el “sublime pinocho” que sigue al pie de la letra aquello que decía Baudelaire, “hay que ser sublime en todo tiempo”; solamente precisar, que su sublimidad no se ha puesto de manifiesto en el orden de la excelencia personal o de la nobleza moral sino en el de la traición a España y en el intento frustrado de dignificarse a sí mismo esgrimiendo de forma insultante e hiriente la mentira como arma principal de su ignominiosa política.

A este tipo alguien tendría que informarle de que “el pecado contra la verdad ha sido siempre el gran crimen de la Historia”

Que no le quepa duda a este profesional del embuste que ha de pasar a la siniestra historia de la política española como el sosias de Fernando VII, tan felón e indeseable como el Borbón.

Otra de las especialidades de los socialistas españoles es conducir a la ciudadanía por caminos angostos e intransitables, sembrados de minas contra la economía nacional, contra el sustento vital de las familias, contra el deseado progreso y bienestar social, incluso, contra los que han de venir, hipotecando el futuro y sus expectativas de desarrollo material, profesional o cultural.

Una vez consumado el desplome de la economía, sería deseable y esperanzador que esta reflexión de Galdós: “el vulgo, el pueblo, la masa, según las circunstancias, el único sentimiento que tiene es el del hambre”, adquiriese, de una vez por todas, carta de naturaleza en el subconsciente de los electores, contribuyendo así a despejar las dudas que pudieran plantearse a la hora de emitir su democrático voto.

Si tu último objetivo político-ideológico es el de pasar hambre, siendo este el legado que quieres dejar a tus hijos. No lo dudes, ¡VOTA SOCIAL-COMUNISTA!  ¡VOTA SANCHISMO!

Socialismo español, maestro secular en el deterioro de la convivencia y el enfrentamiento entre españoles; revanchista, vengativo y excluyente; dogmático en el deber de destruir lo que no puede poseer; fabulado y ficticio convencimiento de estar investido de la autoridad moral para gobernar y dirigir al pueblo sojuzgado y oprimido; maléfico en el arte de la distracción y expolio de los bienes públicos, muchos de los que engrosan sus filas ladrones profesionales; manifiesta incapacidad para gestionar; revisionistas falsificadores de la historia de España; agiotistas de la instrucción pública en aras de concluir con la no-educación que no enseña a sufrir, sino a gozar; golpistas traidores del orden constitucional; expertos en la erosión calculada de las instituciones y de los pilares del Estado; versados en el oficio de abducir las mentes interesadas de aquellos que tienen ambiciones descontroladas, que no se corresponden con los dones que la naturaleza les ha concedido; explotadores para su causa de la candidez del pueblo llano…….

Parafraseando a Lenin, y siendo conscientes de todas sus travesuras, son los primeros en decir: “si no nos fusilan ahora, es que son unos imbéciles”

De todo este rosario de despropósitos del “virtuosismo sanchista” en estrecha colaboración con la escoria antiespañola, no podemos sustraernos al daño que ha de afrontar España, como sociedad moderna por la permanente difusión de la mentira, del caudal de inmoralidad provocadora que tiene su origen en los medios de comunicación o en las filas de agitadores/as, fanáticos/as adscritos al malhadado y tenebroso ministerio de igualdad.

A este maremágnum socio-comunista negador de los valores del espíritu y del orden moral, hay que añadir el olvido malintencionado del ímpetu de que se han de nutrir las Naciones que ya tienen un valor universal, una corriente histórica constatada por sus grandes obras, la Reconquista, la Contrarreforma o la Conquista y Civilización de América, pues, “un pueblo no puede vivir con sus glorias desconocidas y sus vergüenzas al desnudo, sin que se incline a huir de sí mismo y disolverse” (Ramiro de Maeztu).

Una Nación es una obra de arte y una obra del tiempo, y por tanto estamos obligados a conservarla, profanarla y destruirla es obra de talibanes; el sanchismo aromatizado con sus propias y pútridas esencias y  esclavo de las servidumbres e hipotecas de la hoz y el martillo que se atiene a una interpretación puramente material de la Historia, le impulsa a decir que nos contentemos con comer, reproducirnos y morir.

La perdida lenta pero constante de nuestra idea nacional, de nuestro sentido de patria es evidente, a falta de un ideal colectivo, nos conformamos con vivir como podemos.

Si al riguroso lector le han parecido pocos o descontextualizados los mencionados quebrantos, le invito a desvirtuar lo aquí expresado, bien cortésmente o del modo que entienda oportuno.

Antonio Cebollero del Mazo ( El Correo de España )