Es que… al final te tienes que reír.

La cara dura de este sujeto no conoce límites y casi sin quererlo ¡coño, te tienes que reir!.
En Aquí, donde la Picaresca fuera género literario, tan rentable en su día que hasta Quevedo lo incursionara, resulta consecuente que la gente  vote a Antonio.
Yo mismo estoy tentado, y hasta puedo adelantarles que si con la siguiente barrabasada me arranca la carcajada, le entregó mi voto y hasta mi alma, aunque ambas cosas juntas no sumen dos, y a tí te encontré en la calle.
Llega el Presidente acompañado de Marlascón y el Peluqui morellano todos de atuendo casual a Bejis (Comunidad Valenciana, ignorada por Sánchez durante toda la legislatura, pero que una vez defenestrados los socialistas en Andalucia y con Cataluña bailando en un «ay», conviene reconvertir en feudo) y declara con su carita de yo no fui:
«Que nadie intente sacar rédito político de lo que solo es una tragedia ecológica».
Permítame que me alivie., insinuó el somé con su arenga para propios librando un par de cuescos de esos densos, casi palpables, que anuncian tempestades de mierda.
Para la corrala Antonio se acompañó de una nutrida coreografía que destacaba por su colorido alegre, casi de verbena playera, sobre el telón lúgubre del escenario elegido: un páramo salpicado de esqueletos de pinos, carrascas, lavandas y tomillos.
Y a mí me viene a la cabeza el Prestige, aquel barco liberiano venido a menos que bajo bandera de las Bahamas fundió el tubarro justo lamiendo las mareas gallegas.
La izquierda española se movilizó cómo si el divino Ansar con su risa de subnormal hubiera dejado caer aposta el combustible sobre  centollos, navajas y bueyes de mar a mala ostia.
Aquella acción retorcida de oportunidad política movilizó muchos votos de los tontos útiles.
Hoy en mi tierra abrasada, yerma, y huérfana de inversiones, Antonio despliega cómo todo argumento su belleza.
Hace falta tener la cara dura.
Al menos el Gallego inauguraba pantanos y juegos florales.
Este hijo puta solo estrena desiertos.
Y no hablo del monte.
Juan Antonio Lóprz Larrea (El Correo de España)