¿ QUEDARNOS COMO ESTAMOS ?

Uno despide 2018 sin la menor nostalgia y saluda 2019 sin apenas esperanzas. El año que acaba ha sido el de los fracasos. Fracasó la cumbre del clima, la del comercio, la de las migraciones, el Brexit sigue sin resolverse y un muro invisible ha vuelto a dividir Europa casi como el de cemento y alambradas, aunque ahora son los países del Este los que lo levantan.

Los norteamericanos se van de Siria, de Afganistán, hartos de guerras que son incapaces de ganar, y los rusos intentan reconstruir el imperio soviético. Angela Merkel, uno de los pocos pilares de estabilidad, anuncia su retirada, y a Macron se le sublevan quienes lo habían elegido. El liberalismo retrocede y el autoritarismo avanza. El Banco Central Europeo anuncia que cesará de comprar deuda de los Estados miembros y estos se embarcan en programas de gastos por encima de sus posibilidades.

La izquierda sufre derrota tras derrota, la derecha se divide y el centro se evapora porque todo el mundo ha huido hacia su extremo. Nadie está contento, todos, jóvenes, viejos, mujeres, hombres, empleados, desempleados, sindicalistas, empresarios reclaman y los políticos prometen sabiendo que no van a poder cumplirlo, la fórmula perfecta del estallido que los expertos anuncian como otra crisis económica.

En España, toda esa serie de calamidades se acentúa por nuestra tendencia a los extremos y falta de realismo. El «conflicto» catalán es ya una hoguera que los independentistas atizan con demandas fuera del marco constitucional y el Gobierno responde con gestos que sólo alimentan su apetito.

El equilibrio que mantenían los dos grandes partidos alternándose en el poder se resquebrajó al aparecer otros dos con los descontentos de ambos. Pero ha saltado por los aires con la irrupción de un quinto con los irritados con todos. Cómo buscarle sitio no va a ser fácil y gobernar, más difícil todavía.

Temo que el cuadro que estoy pintando me esté saliendo demasiado lúgubre y aunque en mi próxima Tercera lo abordaré con más calma y espacio, quiero terminar esta «postal» con una reflexión oportuna: España, Europa, el mundo se han visto en situaciones más graves que está.

Sin ir más lejos, la Guerra de los Treinta Años, que asoló Centroeuropa y las dos mundiales del siglo XX. O el siglo XIX español, con tres guerras carlistas, una República en la que el país estalló como una granada y terminó con un general entrando a caballo en el Congreso.

Por no hablar de la civil del XX. Sin embargo, España sigue existiendo, Europa intenta unirse y China se ha convertido no sólo en superpotencia, sino también en moderadora entre las otras dos. La historia no avanza en línea recta, sino como un río que sortea obstáculos rodeando montañas, inundando planicies y precipitándose en desniveles (las revoluciones), pero avanza.

Estamos en uno de los pasajes difíciles, por lo que, más que un Feliz Año Nuevo, me limitó a desearles, como quería el peregrino a Lourdes, que nos quedemos como estamos. Dentro de un año, ya veremos.

José María Carrascal ( ABC )

Viñeta de Linda Galmor