Hace años que Cataluña quiere morir de miseria. Es una elección curiosa pero contumaz. Las medidas que tomó ayer la Generalitat confirman esta firme voluntad. No hizo falta el Covid para que la sociedad catalana y su clase política electa mostraran el mayor desprecio a la libertad y a la economía que hayamos jamás visto en una democracia homologada.

Lo hemos hecho prohibiendo la creación de nuevos hoteles en Barcelona, favoreciendo a los manteros; saltándonos la Ley, quemando containers y ahuyentando de todas las maneras imaginables las inversiones nacionales y extranjeras con toda clase de ataques a la convivencia y a la estabilidad. Aunque ya sin Quim Torra al frente, el Govern que ayer tomó las conocidas medidas es el

 mismo que ha fomentado las mayores locuras contra la prosperidad de los catalanes. Personajes ínfimos todos ellos, esa peligrosa mezcla de fanatismo y de ignorancia tan propia de los cobardes que quieren pasar por héroes. Y del mismo modo que de la Historia hemos aprendido cuál es la última estación de los trenes del delirio supremacista, y de los que oponen las demostraciones callejeras a la Ley, sabemos también que no sirve el apaciguamiento ante los grandes enemigos cuando comparecen.

Esconderse nunca será la respuesta de un hombre libre. Cualquier forma de confinamiento es una forma de apaciguamiento, y la única solución fue Churchill y la única solución fueron los Estados Unidos. No podemos comportarnos como un pueblo cautivo y luego exigirle las vacunas gratis al país y al presidente que tanto hemos insultado.

No podemos elegir la miseria como respuesta y luego pretender que es una injusticia internacional que nuestras finanzas colapsen como una república bananera. Cualquier decisión que no ponga la economía en el centro no es una solución, es crear un problema aún mayor. Sin economía no hay salud y los que no pagan no sólo mueren de enfermedad, los mata antes el hambre.

Cerrar bares y restaurantes es un ataque a la economía y a la libertad mucho más letal que cualquier pandemia. Por intentar -y además inútilmente, como ha quedado demostrado- salvar la vida de unos pocos que igualmente morirán, estamos condenando a dos generaciones a la miseria. Con el añadido de que esta vez no será una sobrevenida tragedia sino lo que nos habremos ganado con nuestro voto. Socialistas, Esquerra, Podemos: esto es lo que somos.

Nunca había sido tan cobarde y tan ruin un país tan alegre y hermoso.

Salvador Sostres ( ABC )