QUERIDAS MUJERES

No necesitamos ser rescatadas.
A ver si nos vamos enterando.
Hace años que nos salvamos nosotras mismas.

No necesitamos que nos empujen.
Tenemos suficiente fuerza motriz para empujar nuestro peso.
Gestionar nuestros cabreos.
Sobrevivir a nuestras tristezas.
Vivir nuestras alegrías.
Aprender de nuestros tropiezos…
Somos capaces de empujar nuestra vida entera… y además, la de otros.

Se olvidaron que los hombres también ponen la mesa.
Que cocinan como nosotras.
Planchan como nosotras.
Tienden la ropa como nosotras.

A ver si dejamos de una vez de soltar memeces.
De prejuzgar tanto las vidas ajenas.
De sentenciar tanto las vidas que no son nuestras.
Empecemos a vivir más, o al menos, mejor.

A ver si le queda claro al mundo entero.
Que estamos tan sanamente locas, tan desequilibradamente cuerdas, tan perfectamente imperfectas, que es lo que nos hace únicas e inclonables.
Incluso encantadoramente insoportables.

Que aunque seamos independientes e indomables, solo necesitamos a alguien con quien compartir alegrías y tristezas, caídas hechas aprendizaje, lágrimas que hablan, miradas que curan y silencios compartidos, que dicen más que todos los escritos.

Como dijo Mario Benedetti: «Me gustaría pasar el resto de mis días con alguien, que no me necesite para nada, pero me quiera para todo».

Feliz tarde.