QUIEN DIJO MIEDO

De comprar recuerdos en la plaza de San Marcos hemos pasado en menos de dos semanas a llenar el carro de arroz, leche y papel higiénico en el Mercadona. Todo viene de China, souvenirs y miedos. La ansiedad depende de cada uno, pero también de la experiencia acumulada.

La reacción al miedo, manifestada ayer a través de unas compras compulsivas y de inspiración apocalíptica, son la respuesta a una amenaza para la que no tienen respuesta unos políticos que en los últimos años y de manera proporcional al auge del populismo han recurrido al mensaje del pánico, prefabricado en unos laboratorios de ideas que son simples fábricas de terrores ciudadanos.

El antídoto, sobra apuntarlo, estaba en los mismos candidatos: te mato del susto y te curo si me votas.

Del miedo a la derecha al miedo a la izquierda, del vídeo de los dóberman de la época de González a las alertas antifascistas de Iglesias, el cultivo y la venta mayorista del pánico han articulado y condicionado las respuestas de una opinión pública que tras el contagio solía encontrar, anverso y reverso de la misma moneda, la cura a todos su males psicológicos.

Incluso las tragedias, naturales o no, desde los tiempos del Prestige, tenían arreglo con un voto de castigo y despecho, sugerido, cuando no clamado, por una izquierda que literalmente da mucho miedo y que se ha hecho experta en estos procesos febriles.

La gente estaría hoy bastante más tranquila si gobernara el PP, y no precisamente por los aciertos de su gestión, siempre sujeta al error humano y al desafío de lo desconocido, sino por los hallazgos científicos de una izquierda que ya habría dado en sus laboratorios con la salvación.

Quienes han dedicado buena parte de su obra al miedo no tienen ahora margen de maniobra para recetar y despachar el medicamento que lo quita. La gente, sin norte, improvisa y compra recuerdos en el Mercadona.

Jesús Lillo ( ABC )