Puede que las elecciones de hoy no sean las definitivas -como ya sucediera con las generales de diciembre de 2015, que tuvieron que repetirse en junio de 2016- y que nadie quede en disposición de formar gobierno. Si Esquerra gana puede que la candidatura de Puigdemont le niegue la investidura al presidenciable republicano -Oriol Junqueras, si ha salido de la cárcel, y si no lo más probable es que sea Carles Mundó- y sólo vote a quien ellos llaman el “presidente legítimo”. También es un misterio qué exigencias planteará la CUP para votar una investidura.

Por el momento, la “unilateralidad” a la que Esquerra y el PDECat han expresamente renunciado, acatando la legalidad y el artículo 155, parece ser una de ellas, de modo que habría poco margen para el acuerdo, aunque con este partido nunca se sabe realmente qué va a pasar ni qué van a hacer. Otro bloqueo podría venir por el bloque constitucionalista.

Los Comunes podrían ni siquiera abstenerse y votar contra la investidura de Inés Arrimadas, y aunque Iceta no gane podría ser el candidato transversal que nadie vetara. Filigranas tan insólitas que hacen pensar en que la repetición electoral es más que una mera posibilidad.

Los últimos sondeos de la tarde de ayer le auguraban al independentismo una noche larga en el día de hoy. Por las redes sociales, de manera visible pero sobre todo de manera invisible, empezó a circular la idea de contrarrestar un resultado decepcionante con denuncias -falsas- de pucherazo.

El público independentista, tan emocional, tan estomacal, tan necesitado de aferrarse a cualquier argumento o espejismo para no tener que enfrentarse a su derrota, podría creerse sin el menor problema ni necesidad de comprobación estas denuncias y reactivar el “Espanya ens roba”: votos, en este caso. El «recuento paralelo» que ha organizado Esquerra va en esta dirección.

Salvador Sostres ( ABC )