Ya tenemos en este oscuro horizonte de las Españas otro fuego de artificio, otra “plantá” con sus ninots representando a los “enemigos del pueblo”, con carteles revolucionarios y consignas contraculturales emanadas de la industriosa mafia política socio-comunista, detentadora del poder gracias al ojo clínico y profunda reflexión de los degradados votantes en algunos casos o de los cándidos electores en otros, sin menospreciar al grupo, a este manojo de malas hierbas que crecen en los predios democráticos confeccionado a base de comisionados indolentes, cobardes, perjuros, traidores y beatos de santoral que les importa tres pares de cojones lo que suceda con España, siempre y cuando no se vean comprometidos en su acomodada, insípida y egoísta existencia, pero, que una vez,  llegado el caso, y hayan saboreado las mieles del caos social y económico, serán los primeros en pedir auxilio, gimoteando, dándose golpes de pecho y arrancándose los cabellos de desesperación; ¡a joderse toca compatriotas!

Os habéis sometido sin rechistar al poder desintegrador y nocivo de Zapatero y Sánchez, y entonces, cuando llegue la hora, sin dignidad ni mérito alguno os veréis obligados a solicitar amparo y seguridad en hombres que jamás perdieron la fe en la redención del país y sustentaron con firmeza su patriótico deber de combatir con determinación a los enemigos de España.

Sirva la introducción, aunque sea, para ir creando ambiente de desengaño,  de  estúpida y regalada tolerancia con el gobierno de Sánchez y sus acólitos, alguno de ellos, mamadores impenitentes de la sangre vertida por los crímenes del terrorismo de ETA.

Una vez expuestos a la opinión pública los monumentos falleros,—contando  con el esfuerzo inquisitorial de los medios de comunicación que refuerzan a base de sobornos y subvenciones gubernamentales las mentiras y odios del socio-comunismo; periodistas que han dejado de informar para convertirse en altavoces de los objetivos políticos de la repugnante y desalentadora izquierda, cuando no, en activistas a sueldo en favor de la descomposición de España o en rastreros genuflexos ante los intereses bastardos de los millonarios globalistas de izquierda—se procede a la “cremá”, al criminal espectáculo de convertir en cenizas el baluarte de contención de toda la ignominia y detritus  que la izquierda, liderada por un socialista de la raza,  “Mil leches”, está empeñada en esparcir sobre la sociedad española.

Autos de fe donde se condenan por supuesta herejía política a aquellos que están convencidos de que las palabras de Mao Tse Tung, “ el comunismo no es amor, es una maza que utilizamos para machacar al enemigo”, no eran bravuconadas de un genocida; a los que han interiorizado con valentía y justo criterio lo que dijo en 2017 ,uno de los más destacados historiadores de la Revolución bolchevique, Richard Pipes, con motivo de su centenario: “No hubo nada positivo ni grandioso en aquel acontecimiento. Su legado son millones de cadáveres. Arrastró a la humanidad a la Segunda Guerra Mundial y llevó a establecer un régimen de terror sin precedentes”.

La próxima matraca, la inmediata monserga que va a surgir de las filas de la feligresía socio-comunista va a consistir en la “Comisión extraordinaria de seguimiento sobre las medidas del plan de acción de lucha contra los delitos de odio”, ¡por mis muertos que no es coña!, como mínimo es “superfragilísticoespialidoso”, pero, lo dramático reside en que este “comité de salud pública” se constituye para imputar tácita o expresamente a los referidos heresiarcas de las aberraciones del gobierno, como inductores del odio que estos mismos “cerdos de dos patas” han traído y sembrado de nuevo  en la sociedad española, aplicando con esmero, traición, violencia y mentiras los procedimientos y métodos científicos más avanzados de la agricultura intensiva, al objeto de que la producción y crecimiento del satánico “plantón” del odio, conduzca a los óptimos resultados que su ideología totalitaria les exige.

Dimensión totalitaria, que con sencillez se define con estos rasgos: monopolio de lo político, jefe carismático, Partido-Estado; monopolio de la ideología que dirige el conjunto de las ideas y su difusión por los medios de comunicación, enseñanza….; monopolio del Partido-Estado de la censura y de los medios de producción y distribución de los bienes materiales; supresión de la propiedad privada; y por último, el terror, como forma de gobierno.

De igual manera que  el crítico ruso, Belinksi, escribía a un amigo en 1841, refiriéndose a la autocracia zarista, “Empiezo a amar a la humanidad a la manera de Marat: para hacer la felicidad de una minoría, me parece que estaría dispuesto a exterminar a hierro y fuego al resto”; estas palabras  extrapoladas en su concepto primigenio de censura y reproche , podrían resumir la cruel realidad de la implantación del comunismo en las sociedades humanas.

Nos pasamos los días, los años, los lustros combatiendo las estupideces de ingeniería social impuestas por los socio-comunistas a modo de añagaza, de señuelo, con el objeto de difuminar, ocultar e impedir el debate serio, riguroso e inaplazable sobre los graves problemas originados por la denigrada e incapaz casta política, constituida en su mayoría por cretinos, ladrones y canallas, a los que el pueblo (concepto abstracto) les importa una higa, o si lo prefieren, una puta mierda.

Eso de la economía de esfuerzos, es para ellos, lo mismo que para un niño la teoría de la relatividad, no lo entienden. Urgente es la necesidad de llevar a cabo una purga al estilo de las del camarada Stalin, eso sí, sin violencia ni sangre, simplemente, ponerlos a trabajar para que se ganen honradamente su salario.

Para Freud, “el odio es un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad”; la capacidad destructora de los socio-comunistas nos lleva a deducir que son profundamente infelices, pues, unos desean el poder absoluto y no alcanzan a conseguirlo; otros aspiran a vivir como los marqueses de Galapagar, flor y nata de la nomenclatura, de la élite del comunismo leninista español, considerando  que su número es restringido y no todos pueden inscribir sus nombres en ella , de ahí, que se expongan a purgas, deportaciones, desapariciones o simplemente sean eliminados, —-Stalin y Mao han sido responsables de la muerte de más comunistas que Hitler y Mussolini;—los de más allá, los que desprecian la vida y al hombre se convierten en terroristas que se alimentan del odio, lubrificante que engrasa el motor que impulsa al comunismo en su utopía de crear un nuevo y miserable hombre y una sociedad idílica, algo parecido a vivir en los frondosos y frescos pensiles de Semiramis; los más, en la creencia de que el hombre es solo materia, es decir, un salvaje, concluyen en la necesidad y obligación de domesticarlo con el odio y el terror.

Las revoluciones sociales demuestran que una vez que la falacia comunista entra en contacto con la realidad, con la vida, es para machacarla y conducirla a una tragedia colectiva; el totalitarismo de colorines es mucho más peligroso, ya que la decepción y la frustración que de él se deriva es inasumible para el hombre libre engañado en su moralidad, en su esencia y en sus expectativas familiares y sociales.

Las cuentas y collares prometidos a sus lacayos son pura farsa, pues, los proxenetas del partido divinizan el interés del mismo, lo que equivale a inferir que poseen una moral desprovista de todo principio, moral que no valora las obras y los pensamientos en función de lo que son, sino por su utilidad o nocividad para el partido.

La mentira, el odio y el terror son las armas que esgrimen los comunistas para la expansión y permanencia en el mundo, así como para el control de los pueblos.

Lenin, apostaba por la mentira, al considerarla un arma revolucionaria imprescindible, predicando a su vez, que “el radiante porvenir solo se alcanzará a través de un violento periodo de guerra civil y de dictadura”.

El odio instaurado por los socialistas en España ha generado confrontación y división, además de malograr y anular la oficial reconciliación entre españoles que fue el objetivo primordial de la Transición;  digo oficial, y digo bien, los socio-comunistas, nunca perdieron su maldita capacidad de rencor, odio y revancha, jamás aceptaron con nobleza la derrota sufrida en la inevitable Guerra Civil que ellos mismos provocaron al echar un órdago comunista a la mitad de los españoles,  terminando por perder la partida de forma indigna y deshonrosa.

“Esta embriaguez de omnipotencia, omnisciencia de la ideología comunista del demiurgo Lenin, ha llevado a sus adeptos por caminos de violencia, crueldad y sangre” ( Stéphane Courtois)

A esta cárcel, es a la que el gobierno de Sánchez y el PSOE nos quieren conducir a los españoles; el presidente miente como los comunistas, pero no es que mienta mucho, es que su mismo aliento hiede a mentira, su halitosis repugna, quebranta el sentido de ciudadanía y prostituye el concepto de democracia. Su gobierno,— junto con algún que otro ministro de mala catadura, atravesado y a punto de reventar por el himalaya de prejuicios y traumas acumulados en el interior de su alma,—  con  una irresponsabilidad criminal alienta y propaga el odio como instrumento políticoatribuyendo el origen de su mismo odio a partidos políticos, que no son sino el único y digno bastión de defensa a ultranza de España.

 Presidente a tomar nota y a copiar 100 veces lo que Solzhenitsyn denunció en 1974 en la presentación de su libro “Archipiélago Gulag”: “ Esa mentira general, impuesta, obligatoria, es el aspecto más terrible de la existencia de los hombres de nuestro país. Es una cosa peor que todos los infortunios materiales, peor que la ausencia de toda libertad. Y todo ese arsenal de mentiras es el tributo pagado a la ideología y la responsable de toda la sangre derramada”

Presidente ilegítimo de España, no está bien, algo le pasa, alguna enfermedad le acecha, cuando le escucho decir que su padre siempre le ha inculcado que el hombre jamás ha de dejar de cumplir con su palabra, los oídos me estallan y me doy perfecta cuenta de su indecencia moral en la senda tomada por Vd, al menos en lo que a política se refiere.

Antonio Cebollero del Mazo ( El Correo de España )

caricatura de Linda Galmor