QUIEN SE EXCUSA, SE ACUSA

En España está generalizado pecar de culpabilizarnos directamente de acciones o palabras que aún no hemos vivido o dicho antes de que nadie nos acuse. Por si las moscas. Nos justificamos sin razón, por miedo a qué pensará el otro, o los otros, a no ser como los demás, a que no tengan una buena imagen nuestra, a llevar la contraria, a pensar que no van a entender nuestra razón.

En definitiva miedos, miedos, y más miedos. «Excusatio non petita, accusatio manifesta», una locución latina de origen medieval que en español se podría traducir por las expresiones «quien se excusa, se acusa», «disculpa no pedida, culpa manifiesta» o «explicación no pedida, acusación manifiesta».

Pues para el caso, todas las traducciones nos vienen bien. Porque ayer, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmaba tras su reunión con su homólogo italiano aquí en Madrid, Giuseppe Conte, que «no debe de haber reparo» a la hora de utilizar herramientas como el MEDE, porque «no tiene sentido que se creen instrumentos que luego dé vergüenza utilizar».

¡Acabáramos! Pues, diría yo que «blanco y en botella», ¿no? La clave está en que ahora no tiene vergüenza alguna el doctor Sánchez en hacer uso de un fondo que no hace ni un mes decía que no necesitábamos porque el país se estaba financiando divinamente en los mercados.

Estoy de acuerdo con él -¡y que no sirva de precedente!- en que no hay que avergonzarse de tener que tirar de un instrumento creado para el rescate si cualquier país miembro de la zona euro lo necesita, más si cabe si es para paliar los dramáticos efectos económico-sanitarios de una pandemia que nos ha llegado de golpe y porrazo y le ha cogido al presidente con el carrito de los helados, pero no sigas con las «excusatio» que aún te hacen más «accusatio» de forma más «manifesta».

«No tiene por qué haber reparo en utilizarlos, porque no podemos minimizar ni frivolizar la envergadura de la pandemia», apostilló ahondando en sus, digamos, disculpas, tras apuntar que «ojalá no haya obligación de utilizar estos instrumentos, porque significará, entre otras cuestiones, que la pandemia ha remitido y que está totalmente controlada».

Pues… no, no es eso exactamente, presidente. Porque el Gobierno no para de apelar a la ayuda europea cada vez que lanza un plan de salvamento a algún sector estratégico o algún colectivo altamente perjudicado. Visitas y llamadas varias con las autoridades europeas, todas ellas dirigidas a ver la forma en la que colamos cualquier gasto como sanitario.

Todo el «rescate» lo quiere pasar por el cepillo europeo, y se acabará la pandemia y seguiremos devolviendo lo prestado. En forma de ajustes y reformas. Los recortes de gasto serán inexcusables para poder evitar una nueva crisis soberana, al margen de que haya o no rescate por parte de Europa.

No hay excusas. Ni vergüenza.

María Jesús Pérez ( ABC )