Creo que Vladimir Putin es un hombre creyente. He visto un video en el que el nuevo zar de Rusia se persigna tres veces mientras se sumergía en agua helada, y por eso imagino que cada noche antes de dormirse reza sus oraciones pidiéndole a su dios que mueran o se rindan de una puñetera vez los empecinados hombres, mujeres, viejos y niños de Ucrania que tanto trabajo le está costando oprimirlos.

La noche es el momento que utiliza para distribuir equitativamente el sufrimiento que provocan las bombas de miedo que lanza sobre Ucrania, porque en esas horas la oscuridad hace menos visible sus vómitos de inhumanidad, pero en cambio es el momento de la valentía, la esperanza y la dignidad de las familias que dan voz a sus desgracias y a sus esperanzas.

Estoy convencido de que sus servicios de inteligencia o sus embajadas en el exterior recogen y acopian esos numerosos videos que emiten en directo las televisiones del mundo, y tendrá informes fidedignos de las toneladas de dignidad que y arrojo de un pueblo que resiste.

De todas formas, hay que reconocer que Vladimir Putin no está solo. Ayer en la Asamblea general de las Naciones Unidas tuvo el apoyo de Bielorrusia, Siria, Corea del Norte y Eritrea) y 35 abstenciones., entre los que estaban democracias tan honorables como Cuba, Venezuela.

La verdadera noticia que no resiste critica alguna es la epopeya que están escribiendo los ucranianos en su país, porque resulta ejemplar la fortaleza y la dignidad que demuestran en sintonía con un señor bajito y mal afeitado,  llamado Volodímir Oleksándrovich Zelenski, que si algo tiene claro sobre su futuro personal es que no sobrevivirá a esta invasión porque Putin necesita  su cabellera como trofeo.

La diferencia que existe entre el futuro del Presidente ruso y el de sus víctimas está en que ellas morirán con dignidad y él con deshonra, pero también existirá otra diferencia: Putin no verá venir la mano ni el puñal de su  Marco Junio Bruto Cepion.

Diego Armario