¿ QUIÉN TEME A LA GUARDIA CIVIL ?

Contemplando las imágenes de la naturaleza desatada sobre Baleares, Levante y Andalucía, dos pensamientos poco relacionados acudieron a mi mente. El primero era «Estas cosas no ocurrían antes aquí. Esto ocurría en el sudeste asiático, en el Caribe, pero no en Europa, en España».

Aunque la duda surgió al instante: «¿Y qué sabes tú de lo que ocurría antes? Grandes lluvias las ha habido siempre, como inundaciones. La diferencia es que no nos las servían tarde y noche en el telediario. Además, hace unos miles de años, Europa entera estaba cubierta de hielo, cosa que puede volver a ocurrir. O inundada, si siguen derritiéndose los polos. Así que, mejor, ver y callar».

La siguiente idea era más próxima en todos lo sentidos: ¿Cómo hubieran afrontado todos esos damnificados los inmensos daños que han sufrido de estar solos, de haberse hecho independientes? ¿Cómo se las hubiesen arreglado sin el apoyo de la Unidad Militar de Emergencia, de la Guardia Civil y otros cuerpos del Estado? ¿Cómo se iban a arreglar de no haber sido declaradas zonas catastróficas?

Del mismo modo, ¿cómo se combatirían los incendios en Galicia y otras zonas de abundante vegetación y difícil acceso sin los hidroaviones cisterna estatales, que sus comunidades no tienen? Como al individuo aislado le resulta difícil la existencia, sólo agrupados pueden los pueblos (en el doble sentido de lugares y poblaciones) hacer frente a los desafíos de toda índole que les acechan.

De ahí la tendencia hacia el aglutinamiento que se nota a la largo de la historia en todas las latitudes del planeta, superior a los conflictos bélicos entre vecinos que la jalonan de tanto en tanto, cuyo ejemplo más notable es la Unión Europea, que tantos beneficios ha traído a sus miembros y el gran error que constituye el brexit, que empiezan a ver los propios británicos, aunque habrá fuerzas disgregadoras en todas partes, ya que la racionalidad no rige siempre los pasos del hombre.

Vienen estas consideraciones, como algún lector habrá adivinado, a propósito del repliegue de la Guardia Civil de Navarra y de los incidentes en Alsasua, donde algunos de sus miembros fueron agredidos por vecinos, luego juzgados y condenados. Hasta ahora, quien temía a la Guardia Civil eran los delincuentes.

Últimamente le ha salido un enemigo de mayor consideración: los nacionalistas, empeñados en echarla de su tierra. No saben lo que pierden. La Guardia Civil es la garantía de seguridad para los más débiles en todas partes y, en especial, en los lugares más apartados. «Qué tranquilidad da encontrarse con la pareja de civiles en el camino» recuerdo oír en el pueblo de mis abuelos en mi infancia.

Hoy, cuando la delincuencia se ha sofisticado, más que nunca, retirar la Guardia Civil de un territorio, como intentan los nacionalistas es, en el mejor de los casos, aldeanismo. En el peor, privar de protección al ciudadano corriente contra los ataques de la naturaleza y de los malhechores. Con lo que se retratan.

José María Carrascal ( ABC )