QUINIELAS ELECTORALES

Con la que está cayendo, diría un tertuliano, apostar por los resultados de las elecciones que acaba de anunciar Pedro Sánchez es emularle en osadía. Si él se ha arriesgado es por no quedarle otro remedio. Ocho meses duró su mandato, que había calculado hasta 2030. Sólo Hitler, el del Imperio de Mil Años, le ganó en atrevimiento, y advierto que es la única semejanza que aprecio entre ellos. Aparte de que Sánchez está todavía en la carrera, apostando por su presupuesto social, olvidando su idilio con los secesionistas y buscando que los demás lo olvidemos. Ni a bofetadas aprende.

Volviendo a las elecciones, lo único seguro es que no habrá un claro ganador, obligando a gobernar en coalición. Solían formarse en torno al centro, pero el centro ya no es lo que era. Hay, por lo menos, dos, el centro-derecha (PP, Cs, Vox) y el centro-izquierda (PSOE, Podemos, nacionalistas), centrifugados a los extremos. ¿Cuál de ellos tiene más posibilidades? El que esté más unido, o menos fragmentado, y tras el plantón del nacionalismo catalán a Sánchez, la izquierda presenta más grietas.

También las hay en la derecha, con un Ciudadanos incómodo junto a Vox. Pero perdida su virginidad en Andalucía, Rivera ha anunciado que no quiere saber nada de un PSOE sancherizado. ¿Qué pasaría si ambos partidos reunieran los votos necesarios para gobernar y Sánchez estuviera dispuesto a sacrificarse? Aparte de no entrar en su carácter, Podemos tendría que aprobarlo (y viceversa).

Demasiados condicionantes para darle posibilidades. En cuanto a que los nacionalistas bajen del monte en pleno juicio de sus dirigentes, es pura utopía, excepto si un Sánchez desesperado les promete la autodeterminación. Pero entonces sería su propio partido el que, por segunda vez, le defenestrase.

Queda así Cataluña como tema de esta campaña. Que es el tema de España. Quien consiga identificarse con él llevará ventaja sobre todos los demás, dentro y fuera de su bloque. Vox es el que primero lo enarboló y su éxito en Andalucía muestra que muchos españoles se sienten huérfanos. Pero cuidado con pasarse, como ha ocurrido a la extrema izquierda y nacionalistas.

La sociedad española actual es más plural que nunca en su historia y querer ahormarla a una sola ideología puede producir el efecto contrario al buscado. Si en algo ha pecado la izquierda es en intentar imponer unas normas de vida que coartan la libertad personal, económica y convivencia de los españoles, que son a fin de cuentas quienes votan.

Quiero decir con ello que Abascal, tras haber ganado merecido protagonismo en la escena política española, debe de tener cuidado con no cometer el error de Iglesias: subírsele el éxito a la cabeza e intentar el asalto al cielo, esto es, convertirse en el amo no ya de la izquierda, sino también del país.

Vox tiene un papel importante que interpretar: que España no se olvide, como ha venido ocurriendo. Pero España son los españoles, excepto los que reniegan de serlo. «Los rivales son estos; no aquellos» debería ser el lema de la próximas elecciones, Pero ni eso es seguro.

José María Carrascal ( ABC )