RAJOY SIEMPRE VUELVE

Ya a finales de 2017 el presidente Rajoy le dijo a Carlos Herrera que pensaba volver a presentarse y ésta ha sido siempre su idea. Estamos tan sedientos de exclusivas, de poder correr a anunciar el bombazo de algo nuevo, que cuando no lo tenemos nos lo inventamos, ni que sea reciclando lo que ya sabíamos en forma de insólita primicia.

Hace más de un mes que el presidente Rajoy explicó que, si no hay novedad, las elecciones serán cuando toquen y él volverá a ser el candidato del Partido Popular. Hace mucho más que en Génova y en el Gobierno lo saben, y que trabajan con esta idea, con el pleno compromiso de todos y muy especialmente el de la vicepresidenta, en quien Rajoy confía plenamente, hasta el punto de que ha elegido a su mano derecha –José Luis Ayllón– como nuevo jefe de gabinete en sustitución de Jorge Moragas. Tal vez la única fisura en este sentido venga de Galicia, pero expresada sólo como una nostalgia: Alberto Núñez Feijóo tendrá que esperar, o si está cansado, pensar en jubilarse. Il n’y a plus triste temps que le futur passé.

Los tan histéricos tiempos mediáticos, y la absurda sensación de que todo el mundo ha de sucumbir a ellos, tienen que ver con la cierta sorpresa que ha causado que Rajoy quiera continuar más allá de 2020.

El caso es que ni la economía es hoy el problema de España -pese a las reformas que siguen haciendo falta- ni en Cataluña habla ya nadie de unilateralidad ni de independencia, y el presidente espera que con el paso del tiempo -y para 2020 queda mucho tiempo- los españoles entiendan la profundidad de los efectos beneficiosos que ha tenido la insólita y valiente aplicación que ha tenido la aplicación del artículo 155, que por cierto no tuvo el apoyo ni del PSOE ni de Ciudadanos y el Gobierno tuvo que defenderlo en solitario cuando más costaba: sería como entrar con un elefante en una cacharrería, y sólo cuando ya se vio que contaba con el apoyo popular y que iba a ser un éxito, contó con el apoyo del resto de los partidos constitucionalistas.

Que Rajoy quiera continuar causó la previsible desazón en sus rivales cuando en exclusiva se lo anunció a Carlos Herrera en la Cope. Es lo que más temían. Pedro Sánchez lo entendió y corrigió su estéril «no es no» para entender que el presidente del Gobierno y el Partido Popular son, en el fondo, sus aliados en muchos más asuntos de los que superficialmente parece. Aunque sólo fuera por este regreso a la sensatez, que ya creíamos extraviada para siempre en el que todavía sigue siendo segundo gran partido político de España, el anuncio ha merecido la pena.

Albert Rivera, sin dejar de hacer posturitas ante el espejo, continúa intentando pataletas a la desesperada tales como la limitación de mandatos o el amago de dejar caer al Gobierno, cuando todo el mundo sabe que el voto prestado de Ciudadanos al PP se va a cortar en seco -como ya sucedió con aquel pacto de investidura de Rivera con Pedro Sánchez- si los «naranjas» juegan a pasarse de listos; y que en cualquier caso la espuma bajará cuando especialmente los catalanes pero en general el conjunto de los españoles se den cuenta de que la victoria de Inés Arrimadas en las elecciones del pasado mes de diciembre será la más inútil de la historia de nuestra democracia, siendo esta inutilidad, esta vacuidad, tan disfrazada de pompa y circunstancia, la más precisa metáfora de lo que es y representa Ciudadanos.

En el independentismo, el grado de desesperación es el mismo que el de Rivera ante el espejo: hasta el extremo de que tanto Esquerra como Convergència, antes del 1 de octubre, estuvieron decididos a apoyar una moción de censura de Pedro Sánchez sin ni siquiera exigir a cambio la celebración del por aquel entonces famoso referendo secesionista. Los partidos y políticos catalanistas entienden que mientras Rajoy sea presidente no tendrán margen para negociar nada ni tampoco ninguna excusa gratis para insistir en su victimismo.

Las encuestas no son favorables, pero nunca lo fueron, y queda además mucho tiempo; el calendario judicial no es halagüeño pero seguramente la corrupción ha desgastado ya al PP todo lo que tenían que desgastarle.

El ruido mediático ha sido siempre contrario al presidente Rajoy; los que han pretendido decirle lo que tenía que hacer, y cuándo y cómo, no sólo no lo han conseguido sino que al no conseguirlo se han enfadado con él y se han dedicado a insultarle; y pese a ello ha ido ganando elecciones y asegurándose la aritmética parlamentaria para poder gobernar en condiciones, mediante negociaciones a tres y cuatro bandas en las que ha conseguido que Ciudadanos votara lo mismo que el PNV.

Por eso cuando le dicen que no hace nada él piensa. «Pues bueno, que lo digan», y continúa hacer lo que tiene que hacer sin inmutarse ni darle la menor importancia.

Salvador Sostres ( ABC )