RAMBO Y MAQUIAVELO

«Acorralado en Ferraz» fue la primera entrega de la Serie Sánchez: los barones del PSOE logran desalojarlo de la secretaría, pero Sánchez se sube a su coche particular, gana las primarias y retorna por la puerta grande. Una proeza política.

En «Acorralado II», Sánchez ya manda en el PSOE, pero otra vez parece cercado, pues Rajoy ha logrado sacar adelante sus presupuestos y todo indica que completará la legislatura. Sin embargo, en una audaz conspiración, Sánchez se alía con los que en teoría eran sus enemigos y llega a La Moncloa de mano de los separatistas. Nuevo triunfo del gran superviviente.

Pero ahora ya hemos entrado en «Sánchez III, misión imposible». Los presupuestos han descarrilado. Ministras chamuscadas (Delgado y Calviño). Incongruencias diarias (tras denuncia de ABC, Robles rectificó ayer la humillación al Ejército de apartarlo de la feria de educación de Barcelona).

Se ve forzado a gobernar por decreto, sus aliados separatistas lo torean y sus socios de Podemos intuyen elecciones. Cierto que jamás se debe infravalorar el tesón de Sánchez, su apego al poder y su capacidad de maniobra, pero todo tiene un límite.

Si ayer su ministro Ábalos especuló con elecciones en mayo se debe, lisa y llanamente, a que sabe que este Ejecutivo ya no da más de sí. El Gobierno se nos va quedando en un departamento de marketing, un Falcon que va y viene y un muerto de hace 43 años que se resiste a que lo cambien de tumba.

Luis Ventoso ( ABC )