Me gusta verte dominado por el vicio, porque me pareces un payaso. Oscilas en la cuerda floja de las circunstancias, donde todo mal presagio anida. Eres la vieja marioneta de madera que baila feliz diciendo tonterías hasta hacer reír a los niños.

Con hombres como tú no se ganará nunca una guerra. Ni siquiera una partida de bolos estando solo, en el pueblo de tu abuela. Número primo o simple, en tu aritmética, sólo divisible por sí mismo y por la unidad, careces de proyección y trascendencia, porque no eres primo, sino un derivado de la injusticia cósmica.

Políticamente hablando, pendiente del aire contaminado de la veleta: te da igual 8 que 80, Juana que su hermana. Disolvente, irresoluto, sin principios ni fin, en esa capa social oscura que sin ser el «áurea mediocritas», de las Odas de Horacio, carece de explicación. No conoces la virtud, pero cuánto le debes al vicio.

Sigue así, so animal, que te queda muy bien. Cómo me desahogaría si pudiera abofetearte. Espabilarte como quien da puñetazos a un algarrobo. Es decir y tal que afirman en los pueblos: darte hostias hasta en el carné de identidad.

El pragmatismo rural hay que trasladarlo al mamoneo urbano de la ciudad, en cuyos arrabales cochambrosos te mueves cual rata de alcantarilla. Allí la naturaleza se copia tal y como es. La polis, de tanto afilar la pluma, llenó el papel de borrones y vació el tintero encima.

Y salen reglones torcidos como tú. La naturaleza no engaña si no la adulteran y falsifican. Es la furia de Dios, cuando anda cabreado. Da gusto verlo en su salsa.

Ahora España está plagada de lobos porque el gobierno prohibió cazarlos. Considera ovejas a los españoles. Por eso querría verte solo en el monte bajo el peor temporal hasta que te metieran mano los lobos.

Ahí te enterarías de lo que vale un peine.

Fígaro ( El Correo de España )