Generalmente son los hijos los que hurtan a sus padres el dinerillo para sus francachelas, pero a la inversa, que los padres roben a los hijos el dinero ganado o ahorrado se da una vez entre mil.

Pero eso es exactamente lo que intentaba el gobierno Sánchez-Iglesias: quedarse con el dinero de las más humildes administraciones, las que están en contacto directo con la gente y se ocupan de sus problemas cotidianos, desde la recogida de basuras al tráfico y servicios de agua, luz o alcantarillado, los ayuntamientos.

Esta es la catadura de quienes hoy nos regentan. Y, encima, presumen de progresistas, sociales e igualitarios. De los 16.000 millones de euros que habían ahorrado, a costa de mil recortes, para cumplir con la norma de no sobrepasar el techo de gasto, el ejecutivo pretendía quedarse con 11.000, para ajustar sus cuentas en Bruselas, dejando a los consistorios los 5.000 restantes a cambio del «favor» de que pudieran gastarlos como quisieran.

El rechazo fue tan rotundo como general, pero el gobierno regateó, como en las ferias de ganado, hasta el último minuto, poniendo sobre la mesa 5.000 millones, de los que 3.000 irían a los ayuntamientos que aceptaran su chantaje.

En vez de aceptar, el rechazo fue aún mayor: el decreto-ley sólo obtuvo 156 votos, del PSOE, Unión-Podemos y el diputado por Teruel, más solo que nunca. Mientras todos los demás partidos, de izquierda, derecha, nacionalistas, centralistas y a su aire o marea, 193 en total, votaban en contra. Una derrota sin paliativos. ¿A qué se debe? A que, finalmente, van calando quién es Pedro Sánchez.

Ha querido engañar a todos, y a la postre sólo se ha engañado a sí mismo, ya que Iglesias le apoya, para apoyarse a sí mismo y ¡es tan duro el abandonar las bicocas del poder, tan molesto encontrarse sin el confort del coche a la puerta, el avión personal, la sensación de sentirse dueño de la vida y haciendas de millones de personas!

¿Cómo van a reaccionar? Es fácil adivinarlo: lo primero, echar la culpa al PP de lo ocurrido, culpándole de que no lleguen los fondos europeos y acusándole de traidor el país (cuando se sabe que no llegarán hasta bien avanzado 2021).

Luego, intentando reconstruir la alianza que les llevó al poder, es decir comprando a los nacionalistas vascos y catalanes con lo que les pidan, que va a ser mucho. Y, por último castigando a aquellos que no les han apoyado negándoles créditos, fondos y proyectos.

Pero ya han visto adonde lleva el querer engañar a todos al mismo tiempo: que al final no te cree nadie y si quieres algo de él, tienes que pagar al contado. Siempre a nuestra cuenta, naturalmente.

En qué acabará esto, nadie lo sabe, tal es el desbarajuste, inexperiencia, soberbia, ruindad y poco sentido de unos y otros, pues en esta farsa de la política española, inocentes hay muy pocos. Si alguno.

José María Carrascal ( ABC )