REBELIÓN EN LA GRANJA A LA VISTA

Pues… se montó el Belén. Si Pedro Sánchez creía que con sus mentiras, contradicciones, y medidas poco adecuadas para los tiempos que corren iba a mantener el patio tranquilo es que es bastante más iluso, ingenuo y poco inteligente de lo que quiere demostrar al resto de la humanidad. Las cifras, tanto como los hechos, cantan, y ponen negro sobre blanco la realidad de las malas decisiones. ¡Hasta los suyos se le revuelven ya!

En lo que llevamos de semana se le han abierto varios frentes de conflicto «doméstico»: la salida de la presidencia de Red Eléctrica -de la que el Estado a través de la Sepi ostenta aún un 20% del capital- de uno de sus hombres de confianza en materia económica hasta ayer mismo como quien dice, Jordi Sevilla -por ¡ojo! injerencias de la vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, en la gestión de la compañía-; la rebelión, por ahora de uno de sus barones regionales, Guillermo Fernández Vara, tras conocer que Extremadura ha perdido 20.000 empleos en los tres últimos meses del año por el impacto de la subida del salario mínimo (apoyado después por el también socialista y presidente de Castilla-La Mancha, Emilio García-Page); y, la más que posible demanda ante la justicia contra Hacienda de, hasta ayer, dos de las comunidades autónomas gobernadas por los socialistas por impagos del IVA -Castilla-La Mancha y Asturias-, siguiendo la estela de otras de otro signo como Cataluña, Madrid, Andalucía y Galicia.

¿Y Sánchez, qué? Ni está, ni se le espera. A sus cosas. De hecho, lejos de dar una pronta respuesta a cada uno de los frentes abiertos y calmar ánimos, ha decidido seguir a lo suyo, al postureo, y hoy mismo, haciendo luz de gas a las protestas de ayer de los agricultores en Extremadura -uno de los sectores que más han sufrido el impacto del alza del SMI de un 22% en 2019-, presidirá el acto, acompañado por los vicepresidentes Pablo Iglesias y Nadia Calviño, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, para suscribir el acuerdo con los agentes sociales… ¡de una nueva subida del SMI para este año!, haciendo oídos sordos al levantamiento de voces ayer de los miles de agricultores hartos de soportar los incrementos de costes -de producción y laborales- para poder subsistir.

El sector agrícola ya no puede más. Y ahí no cuenta ser del partido. Da igual, regiones socialistas que populares. Arrastra una grave crisis de rentabilidad desde hace años y una nueva subida del salario mínimo no va a ayudar precisamente.

Ya hay miembros del Gobierno socialista que han reconocido los efectos perversos que ha generado tanto en la agricultura como en el empleo doméstico el SMI, cuyos profesionales cobran bajos salarios y están compuestos, principalmente, por mano de obra poco cualificada, jóvenes, extranjeros y mujeres.

Precisamente, los colectivos a los que el PSOE asegura proteger con la medida. ¿Entonces? Rebelión en la granja a la vista.

María Jesús Pérez ( ABC )