REBELIÓN EN LA GRANJA

Para un grupo autodenominado «Extinction Rebellion Spain» el corte del puente madrileño de Raimundo Fernández Villaverde, que ayer protagonizaron junto a otras organizaciones ecologistas provocando un atasco formidable, obedece a que «la vida no puede esperar, porque la inercia del capital nos lleva a la destrucción del planeta y por eso necesitamos acciones y huelgas para echar el freno de emergencia climática».

Esto de echar la culpa de todo al capital es tan viejo como Marx (Karl, no Groucho) y ya le estaba faltando tiempo al extremismo verde de encomendarse al viejo santón comunista para que ampare la causa ecologista como fuente de autoridad.

De nuevo, y vistas las amenazas de repetición de la hazaña vertidas por los «rebeldes de la extinción», se nos auguran otras lindas mañanas de «emergencia climática» como la vivida ayer en Madrid.

De nuevo, la solución parece estar en amargar la vida al prójimo, como a los miles de automovilistas o los que iban en taxi o autobús (gente mala en general, para el ultraecologismo) que ayer llegaron tarde a trabajar, a una cita con el médico en el hospital, o a un negocio o a una entrevista de trabajo que se intuían prósperos y se frustraron, o a un vuelo importante que finalmente perdieron solo porque, ¡almas de cántaro!, no cayeron en que los «rebeldes de la extinción» creen que «la inercia del capital nos lleva a la destrucción de planeta» y esto lo arreglan ellos tumbándose en un puente de Madrid durante tres horas y media y amargando el día a decenas de miles de personas.

Porque para «calentamiento global» el de todos los afectados por el descomunal embotellamiento de ayer. Había que escucharlos hablar de los del puente…

Llegados a este punto, quizá sea el momento de que los «rebeldes de la extinción» y el resto del orfeón que clama contra el cambio climático y amenaza con más «desobediencia civil», se planteen hacer compatible su demanda con no tocar las narices y otros salientes al vecino.

Porque no se les ve ni la gracia que, como monologuistas del absurdo, tienen esas muchachas que se han hecho famosas en la red luchando contra la «violación masiva de las gallinas por parte de los gallos» y que proponen una especie de rebelión en la granja para traer al planeta el «antiespecismo abolicionista», el «transfeminismo interseccional» y el «ecologismo anticapitalista». Ven, ya estamos otra vez con Marx.

Álvaro Martínez ( ABC )