¿ REBELIÓN, SEDICIÓN, MALVERSACIÓN ?

Pedro Sánchez quiso engañar a todos y hoy los tiene enfrente. Suele ocurrir. La coalición que le llevó a La Moncloa es un imposible físico y metafísico, al contradecirse la unidad de España y su partición o, si lo quieren, al ser incompatibles el Estado español y la república catalana en nuestro ordenamiento constitucional. Sánchez lo intenta con todo tipo de añagazas, pero la realidad impone su ley de hierro: una cosa o la otra.

La decisión del Tribunal Supremo de procesar a los 18 miembros del proceso soberanista por rebelión, sedición y malversación de fondos públicos ha sonado como una sirena de alarma. El Gobierno ha cambiado varias veces de postura. El mismo Sánchez que respaldó la aplicación del 155 hace justo un año, decía hace poco que «el delito de rebelión, inherente a un supuesto golpe de Estado, se tiene que dar por militares o por civiles armados a la orden de militares», con lo que liberaba de tal cargo a los secesionistas procesados.

Si se le añade la sugerencia de miembros de su Gobierno y juristas próximos al PSOE de que la pena apropiada era la de sedición, bastante más leve, e incluso sólo la de malversación, que no lleva aparejada la cárcel, resulta evidente que está en marcha un intento de desescalar las sentencias. Y no les digo nada si se le añade lo de «indulto posterior» que ya circula. La oposición ataca a bayoneta -recuerden a Casado acusando a Sánchez de cómplice del golpe de Estado- y el Gobierno se ha visto obligado a frenar.

Y no ya por ese ataque, sino porque tales «gestos» no bastan a los secesionistas. Quieren hechos, ahora, no más adelante. Concretamente, la absolución de los procesados e incluso que les pidamos perdón. Como pedir la Luna. Por si fuera poco, el Parlamento catalán ha reprobado al Rey y rechazado la Monarquía, a lo que se ha unido el Ayuntamiento de Barcelona.

El Gobierno busca cobijo en la Abogacía y el Consejo de Estado, para terminar apelando al Tribunal Constitucional, aun sabiendo que es un capote rojo para los independents. Supongo que como mal menor, pues ignorar tal desafío confirmaría que, en efecto, participa en el golpe.

Pero lo que haga Sánchez no es lo decisivo, sino lo que hará el soberanismo: ¿aceptará el camino largo hacia la república catalana que le ofrece Sánchez o están dispuestos a otro choque como el del año pasado? Aunque Torra promete «enfrentarse a posibles condenas con la determinación del 1-O y la fuerza del 3-O», se anda con muchísimo cuidado en no pasar de las palabras, visto lo ocurrido.

Mientras Sánchez está de viaje en el extranjero, como acostumbra en las fechas clave. ¿Mi predicción? Que seguirán buscando el compromiso, mientras cruzan bravatas y abusan de nuestra paciencia, dado que lo peor que puede ocurrirles es no ponerse de acuerdo. Aunque con iluminados a malabaristas puede pasar cualquier cosa.

José María Carrascal ( ABC)
Viñeta de Linda Galmor