“El pasado 20 de julio de 2021, arrinconado y desprestigiado el antiguo Régimen, franquista, la victoria es total  y completamente nuestra, El anteproyecto de “Ley de memoria democrática” ha sido aprobado por el consejo de Ministros”.

Comunicado fantástico de las fuerzas regresivas (socialistas, comunistas, etc.) de España, lanzado un minuto después de haber dado luz verde el ejecutivo que preside el mentiroso Pedro Sánchez, adalid de las mayores tropelías cometidas por gobierno alguno. Un anteproyecto que podríamos llamar guerra civilista.

En dicho Consejo, el ejecutivo social-comunista- no olvidemos su composición-, que dirige a este país, ha aprobado una ignominiosa Ley de Memoria, que ellos llaman democrática, para más “inri”, en la que recordar el Plan de Badajoz, por ejemplo, o reivindicar la paga extra del 18 de julio, o reconocer los cuatro millones de viviendas construidas en menos de diez años, o asignarle la Seguridad Social al ministro falangista Girón de Velasco, puede ser motivo de censura, de multa y hasta de cárcel.

 En esa nefasta Ley, hablar en positivo, solo porque no le fue mal en esa época, del Jefe del Estado, el  General Franco, nos puede costar incluso la expulsión del trabajo en medicina, judicatura, enseñanza o de simple funcionario;  hoy, rememorar tus viejas distinciones académicas, civiles o políticas, supone un malvado ejercicio que no  toleran y, mira por donde, nadie podrá exhibir públicamente, ninguna recompensa promovida y otorgada por las instituciones del anterior Estado. Alcaldías, Gobiernos civiles, de Ministerios o de otras Instituciones culturales.

 Debo de decir que yo no sé que hacer con mis títulos de Bachillerato Superior, de Maestro Nacional y de Profesor de Institutos Técnicos,- por cierto este último derivado del ministerio de educación franquista, reconquistado por un socialista de bien, como era mi añorado amigo Serafín Franco Álvarez. Inspector de Educación. A partir de ahora, la historia de España se “come” cuatro décadas enteras  de  democracia orgánica. Imperfecta ya lo sé, ¿Cuál no lo es?  pero eficaz para la reconstrucción de una nación devastada por unja guerra civil.

De modo que hoy hablar bien del franquismo, que lógicamente tuvo etapas muy controvertidas, estaría castigado no solo con el desprecio, sino con cárcel. Y asociaciones o instituciones: (Universidad, Institutos, centros de cultura, Colegios profesionales, Sociedades históricas, etc.) tendrán prohibido bajo penas muy severas cualquier asomo de prevalencia franquista.

Así, veríamos a la Fundación Francisco Franco amenazada de disolución, y tal vez  la de José Antonio Primo de Rivera que, naturalmente quedaría dentro de sus parámetros aniquiladores por apología del franquismo,

Eso si, quedan exentas de esta persecución ideológica las fundaciones de origen y funcionamiento marxista como la de Largo Caballero o Indalecio Prieto, dos completos culpables políticos de la guerra del 36 y miles de víctimas a sus espaldas.; como se ve un  claro ejemplo de sectarismo indeseable.

Como lo fue el separatista e inefable Company, firmante de más de ocho mil sentencias de muerte. Toda una ley sectaria y maniquea que en absoluto nos lleva a una concordia, sino a un repunte de odios y resentimientos.

Personalmente a mí me pone de los nervios, porque por ejemplo, ¿Tengo que esconder mi Medalla de la Orden del Yugo y las Flechas, que me concedieron en 1960, no vaya a ser que me visite algún espía comunista?. Debería de enterrar entre mantas la Placa Homenaje que me dieron Consejo y Concejo locales en 1os años setenta?.

Vendo a mal precio la medalla de Bronce de la Juventud que me concedieron en tiempos del oprobioso, por si alguien decide denunciarme? Menos mal que ya, cumplido los ochenta, me importan dos pepinos lo que quieran o puedan hacerme los nuevos inquisidores.

Nunca fui franquista, soy falangista, y lo saben todos, pero después de sufrir la ignominia de los gobiernos social comunista, defenderé con mi verdad, un régimen que cuando menos nos salvó de la inmundicia marxista.

O sea, un infierno totalitario.

Eduardo López Pascual ( El Correo de España )