RECONSTRUIR ESPAÑA

Concluido el estado de alarma en lo sanitario, penetramos en un verdadero estado de alarma político-financiero-social, y me da la sensación de que una buena parte de nuestra sociedad ha penetrado de cabeza en las vacaciones de verano sin querer ser conscientes de la complejidad de nuestra situación como país y parte del golpeado Occidente.

España, como todas sociedades que ha sufrido la pandemia, necesita un proceso de reconstrucción, y en mayor medida que otras como consecuencia de nuestro modelo productivo y de nuestras carencias casi seculares. Algunos países europeos, singularmente Alemania, han destinado recursos públicos a la ayuda directa a sus grandes empresas para evitar su desaparición y quiebra.

Este tipo de ayudas está permitido por la UE siempre que se trate de circunstancias muy excepcionales, como es, sin duda, el caso, y, además, siempre que el Estado en cuestión tenga unas cuentas públicas saneadas, medidas en nivel de deuda pública. Alemania con superávit ha podido destinar a sus empresas mucho dinero.

Nosotros, con un nivel de endeudamiento que ningún gobierno ni del PP ni del PSOE han sabido corregir hemos puesto en evidencia nuestras carencias. Así que las economías mas fuertes pueden ayudar a las empresas mas fuertes que seguirán dominando la escena, con mas fuerza debido precisamente a la debilidad de los débiles, y valga la redundancia.

Bien, pero eso es lo que hay y debemos dedicar todas nuestras energías a la reconstrucción. La alarma congeló a muchas empresas y ahora toca reconstruir. Pero no hay que equivocarse: no se trata de levantar del mismo modo lo que en su día se paralizó, entre otras razones porque algunas pequeñas y medianas empresas no volverán a ponerse en pie, al menos durante tiempo. No. No es ese el objetivo, sino ser conscientes de lo que llamamos reconstrucción de la economía nacional debe basarse en un profundo proceso de transformación.

En diciembre de 2019 pronuncie una conferencia en Tenerife ate 300 empresarios alertando de los profundos cambios que se estaban evidenciando en el mundo debido a los “avances” tecnológicos y que no percibía en la clase empresarial y particularmente en la política una conciencia clara de la profundidad de lo que sucedía.

El mundo financiero, en particular, estaba sufriendo la invasión de las grandes tecnológicas. Por decirlo de un modo sintético: nuestro modelo económico —y social— se basaba en la intermediación analógica y el mundo camina imparable por la desintermediación digital en todos los órdenes de nuestras vidas.

Pues bien, la pandemia que hemos sufriendo en lo sanitario y que vamos a sufrir en lo económico social ha actuado como acelerador de esos cambios. Un ejemplo clarísimo es el trabajo no presencial. Antes de la pandemia España ocupaba en el ranking de utilización de este trabajo un lugar muy secundario.

El confinamiento ha supuesto una transformación cualitativa. Y no coyuntural, sino que ha venido para quedarse, como se suele decir, lo que tiene repercusiones en la estructura de costes de las empresas, en el mercado de oficinas en alquiler y en el modo de vida de quienes tele trabajaban, lo que obligará a reformular ciertos aspectos de la relación empresa/trabajador para adaptarse a las nuevas circunstancias

El comercio on line se ha disparado, y mucha gente que no lo practicaba se ha dado cuenta de su utilidad lo que se traduce en serios problemas para el modelo de distribución que hemos vivido basado en elementos físicos (tiendas, centros) que hoy ven reducida su utilidad como elementos al servicio de la distribución. Para algunos el cambio puede ser dramático

El modelo financiero ha sufrido y seguirá sufriendo la invasión de las tecnológicas en lo que era un elemento central de su negocio, con una amenaza descomunal procedente de la aparición de las criptomonedas que por mucho que se empeñen los bancos centrales en controlar, serán un elemento que cobrará cada día mayor dimensión y fuerza.

Y el teletrabajo aplicado al mundo financiero afectará profundamente al modelo de sucursales, obligando al cierre de una enorme cantidad de ellas con lo que significa en el plano del empleo. En estos momentos se calcula que la aplicación de las tecnologías ya probadas implica la desaparición de 150 millones de puestos de trabajo en el mundo, lo que implica un problema financiero de envergadura, pero sobre todo político-social.

No hacen falta mas ejemplos en este momento para entender que el mundo pre pandemia se queda definitivamente atrás y que los cambios son tan profundos que podemos hablar de una nueva forma de entender la empresa, las finanzas, la economía, la política y la vida en general.

Por ello siendo conscientes de estos cambios no tratemos de reconstruir lo viejo, porque la obsolescencia técnica lo ha eliminado del campo de juego. Pensemos en esta transformación. El mundo, por ejemplo, de la pequeña y mediana empresa tiene por delante el enorme reto de la digitalización.

Necesitamos cambiar nuestro modelo productivo basado en el sector servicios con un peso excesivo, fruto de unas decisiones erróneas adoptadas en los finales de los años 80 despreciando la industrialización en base a una llamada “eficiencia técnica” que se ha demostrado ser “ineficiencia social”.

Por ello necesitamos entre todos pensar, repensar España, en cuanto modelo productivo, entre otras dimensiones. Vamos a enfrentarnos a un problema de financiación en brevísimo plazo de consecuencias imprevisibles., si no se produce una profunda transformación del sector publico.

Pero a este crucial asunto dedicaré otro articulo.

Mario Conde ( El Correo de España )