Entre la memoria de las palabras y la memoria de las sensaciones me quedo con éstas y así revivo momentos que sucedieron hace años como si los estuviera viviendo hoy, y he dicho como si, y no igual que, porque nada es una repetición del pasado.

A veces me pregunto en qué lugar de mi mente estarán archivados esos instantes que fueron intensos en mi vida y cuando quiero recuperarlos solo consigo entrever el destello de una imagen, una sonrisa descarada, unos ojos que brillan o unos labios que tiemblan y no siempre sé de quiénes son, pero en cambio  sí soy capaz de identificar un aroma que consiga transportarte hasta las puertas de ese tiempo porque el perfume de una mujer es la huella que más tarda en despegarse de tu mente.

Hoy no hace falta tener buena memoria para los asuntos cotidianos, porque todo lo que nos urge saber lo encontramos en el terminal de nuestro teléfono hasta el extremo de que hemos dejado de entrenar nuestra retentiva en cosas de uso y abuso intrascendente, pero lo que es realmente importante para nosotros queda grabado en la memoria vital de la gente corriente o en el corazón de los poetas.

Quizás algo así les sucede también a mujeres y hombres que creen que no recuerdan nada, pero de forma inesperada algo estimula su mente y alegra su imaginación con una vivencia lejana que debió ser importante para ellos, porque de no ser así no regresaría.

Yo soy muy consciente de esos momentos, los busco a propósito cuando escribo, y me pregunto cómo sería revivirlos ahora que han pasado los años, aunque solo fuese una conversación en torno a una mesa, porque cualquier espacio es el adecuado para regresar

Esa añoranza de sensaciones a veces golpea mi mente o, como diría Joaquín Leguina, envenena mis sueños , porque me traslada un capital de emociones que mientras las viví no pensé en protegerlas, pero ahora que ha pasado el tiempo, las añoro.

Sé de lo que hablo porque alguna vez me ha sucedido de forma ocasional y demasiado fugaz, cuando alguien ha reaparecido – en la presentación de algunos de mis libros o en un evento al que no pensaba haber ido –  y ha hecho que regrese a mi mente un aroma del ayer.

La mejor forma de alimentar la imaginación está en recordar las oportunidades que nos ha dado la vida y en volver a recorrer ese camino con una mirada tolerante y agradecida, porque recuperar sensaciones es una forma de volver a vivirlas.

Diego Armario