La irresponsabilidad de los jóvenes es el reflejo de la permisividad de las autoridades políticas, tanto las municipales, como autonómicas y estatales, demasiado laxas con los festejos callejeros donde pareciera que la diversión se alcanzara bebiendo alcohol en rebaño, con la gilipollesca idea de que, «estamos en la edad normal de buscar la diversión y está claro que cuanto mas alcohol ingerimos, mayor resulta nuestra diversión».

En esas condiciones los padres -los que aun se interesan por sus hijos e hijas-  tienen pocas posibilidades de intervención correctora -como dijo la señora Celaa, quizás sufriendo un agudo ataque de gagancia: «No podemos pensar que los hijos pertenecen a los padres» ¿será por propia experiencia?- cuando se encuentra en competencia negativa ante los perversos intereses políticos -borrachos y borrachas es como resultan menos molestos. Por todos es sabido que en esas condiciones etílicas ¿que coño van a ser capaces a reivindicar? Pues eso.

Esos perversos intereses parece que son arropados, al menos por falta de dirección, en colegios, institutos y universidades; imprescindibles e importantísimas instituciones que deberían ser moldes perfeccionadores de la especie humana, y parecen estar mas cerca de ser lugares donde ha echado raíces la idea, entre el personal docente, de que únicamente hay obligación de trabajar con los distintos temas académicos establecidos y que, una vez fuera de las aulas, los que hagan los alumnos, nada tiene que ver con ellos.

Por supuesto que la cosa cambia y los alumnos se transforman en soldadesca muy importante, cuando desvergonzadamente, se les manipula sacándoles en manifestación a la calle, reivindicando lo que solo les interesa a los enseñantes cofrades de CCOO y UGT. Que es lo que quieren PSOE, Podemos e IU; lo que viene siendo aquellos de «los mismos perros con distintos collares».

¿Ha habido algún partido político que haya sido capaz de tomar algún tipo de medidas correctoras? ¿Ha habido algún partido que en el Congreso de los Diputados haya presentado una moción para debatir sobre el exceso de uso que la juventud española está haciendo de las bebidas alcohólicas?

¡Claro que no! Nadie se compadece de una juventud que posiblemente, si no se hace presente la mano Divina, será por siglos recordada no como «la juventud intelectualmente mejor preparada», como se va diciendo por boca de mas de un imbécil impropiamente aterrizado en la administración, sino como la «juventud alcohólica mejor preparada para dar charlas sobre la resaca».

Viendo gracias a la técnicas audiovisuales que el fenómeno del botellón juvenil no es peculiaridad de una región, sino que se produce en todo el territorio nacional con el aparente beneplácito de la autoridad -como mucho trasladando su ubicación- parece que fuera el orgullo de la «nueva normalidad» tan festejada por quien fuera su introductor en la larga lista de grandes hallazgos y logros alcanzados en beneficio de la ciudadanía, por don Pedro Sánchez, en el corto tiempo que lleva ejerciendo como Presidente de este Gobierno, con apariencia de haber sido confeccionado con productos sacados de una casquería y de algunos de los puestos ambulantes del Rastro madrileño.

Como suele pasar, cuando las cosas perniciosas no se atajan de manera adecuada y en el momento justo, es prácticamente imposible deshacerse de ellas, si no se emplean medios drásticos con posibles graves consecuencias.

Eso es lo que cada día vemos en los telediarios aderezadas por «preocupadísimos» tertulianos y tertulianas «que irresponsables, estos son los que infectan a sus familias»: la policía, municipal o nacional, desalojando locales donde la mayoría de la personas que son descubiertas bebiendo, porque es para beber para lo que se reúnen, son jóvenes y «jóvenas», que el «mono», les empuja a transgredir las normas establecidas, exageradas o no, que respetamos los demás, sin importarles un pijo las multas que les puedan caer pues en la casi totalidad, son insolventes. Pero no solo económicamente.

Eloy R. Mirayo ( El Correo de España )