Con la nueva trapacería estafadora en uso retorcido del poder buscan la incautación de la propiedad privada y la perversa erradicación de las libertades individuales y colectivas. Va sin freno esta pandilla basura y cizañera comandada por un esperpéntico tramposo que hiede a azufre.
Parece imposible que un payaso haya convertido España en el circo de sus malicias, este ser abyecto que mató a nuestros padres con disimulo por sedación, decenas de miles, ocultas las verdaderas cifras con manipulaciones desalmadas. Aprovechó una artificiosa pandemia para dar un golpe de estado siendo sospechoso de múltiples criminalidades.
Es un demonio en toda la holística interpretación del calificativo y se acompaña de un aquelarre de miserables a cada cual más inútil e inicuo. Tanta vileza mundial no es casualidad con la descripción apocalíptica que hizo San Juan de Pamos de un Satanás desatado sobre la Tierra antes de ser vencido. Lo cierto es que vivimos tiempos extraños en el mundo soportando aquí a un mamarracho absolutamente repulsivo, la peste radical que nos incumbe.
Impertérrito por su ausencia de dignidad convertida en ariete contra España, el doctor cum fraude, el genocida encubierto por la prostitución de la Fiscalía, el sinvergüenza criminal cuyos antojos delictivos debería penarlos ya en la cárcel, se dispone a reformar la Ley de Seguridad Nacional como avezado fabricante de falsas crisis, precursor amoral del engaño sectario continuado; de la acción delictiva disfrazada de política y de la impunidad comprada con los recursos dilapidados para crear complicidades a costa de la ruina de los ciudadanos.
Un trilero de baja estofa al mando de un oscuro destino impostado y colectivo. Lo cierto es que si avanza la peste sanchista es por la cobardía de un país acomodado tras los resquicios del Estado de bienestar que se disfrutó en democracia.
Otras naciones lucharon por su libertad coaccionadas por la represión comunista, la misma que hoy amenaza con una pandilla de fulleros en todas las vergonzosas instituciones al servicio de estafadores y trileros que han encadenado delitos a base de facilitárselos con la complacencia de una Justicia ausente.
La reforma de la Ley de Seguridad Nacional es un capítulo más de esta agenda de desintegración que ahora ataca directamente a los derechos fundamentales, la base esencial de la libertad en democracia. De los supuestos de emergencia nacional que se previeron en situaciones excepcionales, la «plandemia» ha convertido en costumbre la imposición en aras de un falaz beneficio colectivo que en realidad se ha usado como pretexto para dañar a todo el país en todos y cada uno de los aspectos que sostenían, aun en precario, nuestro desarrollo.
Si no se imponen los límites, la impunidad del criminal Sánchez no será coartada teniendo el camino expedito hacia un esperpéntico totalitarismo que inexplicablemente pretende imponer sin resistencia.
Ora con la malicia, ora con la ignorancia, este desgobierno criminal ha traspasado las líneas rojas con la permisividad de los perjudicados, asombrosamente engañados por el juego sucio y chapucero de trilero que Sánchez acostumbra desde que pretendió el pucherazo en primarias para repetirlo después en Elecciones Generales, triste es decirlo, con el beneplácito de un Tribunal Constitucional que acaba de condenar en costas a los valientes que lo denunciaron con pruebas indubitables.
En lo personal y político es un artificio de anormalidad que junto a su ridículo y desmesurado ego se ha convertido en la peor amenaza para decenas de millones de ciudadanos. Pretenden tratamiento de ley Ordinaria a una ley Orgánica que no puede modificarse sin el beneplácito de una mayoría de la Cámara.
Es una maniobra anticonstitucional pero las disquisiciones legales o formales son lo de menos cuando no han encontrado defensa contra la instauración de un régimen totalitario. Además, la expresa ralentización de las decisiones judiciales dan oxígeno a un grupúsculo delictivo que ha secuestrado el verdadero Gobierno de España.
La reforma de la Ley de Seguridad Nacional implica dar un golpe definitivo contra la meritoria libertad. España necesita un exorcismo urgente, no bastan las oraciones con la Conferencia Episcopal infestada de fariseos, para expulsar de modo expeditivo, democrático, a este desgobierno criminal al servicio de un Satanás globalizado.
Terrenamente bastaría saber que el mal de España es Sánchez y sus secuaces y obrar en consecuencia. Una verdadera Ley de Seguridad Nacional debería haber contemplado la defensa de la ciudadanía frente a un gobierno criminal que quiere subvertir nuestra democracia.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )