No deja de ser un gran sarcasmo (o póngale el lector el sustantivo que prefiera y que comience por «p») que un regalo de dirigentes extranjeros recibido por Don Juan Carlos le haya sacado de España y que al día siguiente de este triste exilio el presidente del Gobierno que tanto ha presionado para su marcha comience a veranear en otro regalo que le hicieron al Rey emérito décadas atrás.

Llegó ayer Sánchez a La Mareta, una casa-palacio que Huséin de Jordania se hizo construir en los setenta en Costa Teguise (Lanzarote) y que una década después el monarca hachemí obsequió a Don Juan Carlos, que a su vez la donó a Patrimonio Nacional, dejando de ser suyo y pasando a ser parte de todos los españoles.

La Mareta fue diseñada con el esmero y el mimo paisajista que salían del genio creador del canario César Manrique, siempre orientado hacia la ecología y la integración de los edificios en su entorno natural, sobre todo en el archipiélago y más aún en su Lanzarote natal.

Para preservar la intimidad de Pedro, Begoña y las niñas, en vísperas de su llegada se han dispuesto unas enormes pantallas opacas en parte del perímetro de la finca, que si el pobre Manrique levantara la cabeza se lo llevarían los demonios ante ese aparatoso capricho de intimidad del líder socialista.

No es Sánchez el primero en adecuar la casa para su confort: Rodríguez Zapatero se gastó allí casi 300.000 euros en reformas preparando el inmueble para su veraneo de 2005 con Sonsoles y las niñas. El estadista leonés hasta renovó la pintura de la cancha de baloncesto por si se echaba unos triples una tarde que estuviera aburrido.

De Lanzarote está previsto que Pedro, Begoña y las niñas apuren su tiempo vacacional en Las Marismillas, otro palacete enclavado en Doñana, perteneciente a Patrimonio del Estado y cuyo edificio cuenta con 18 habitaciones y otros tantos cuartos de baño.

Desde que es presidente no falla Sánchez a su cita con Las Marismillas, lejanos ya aquellos veraneos en el apartamentito de la urbanización Victoria Building de Mojácar que el matrimonio Sánchez-Gómez (o Gómez-Sánchez, no se me enfade el feminismo) adquirió en 2001 y que fue su refugio estival.

De la playa, al chiringuito Aku-Aku y esas paellas a la orilla del mar… Solo un consuelo. Este año en el verano presidencial no habrá vuelo en el Falcon para ir a un concierto. No hay festival por el Covid. No hay mal que por bien no venga.

Es el único sofocón que nos ahorramos.

Álvaro Martínez ( ABC )