Con la pandemia hemos aprendido que desprendemos unas cosas que se llaman gotículas, por las que ahora debemos responder como respondemos de nuestros actos y nuestras palabras.

Las gotículas abren también un espacio para la acción, siempre entusiasta, del político regulador. Feijóo, que hasta el momento mantenía el Covid a raya a base de sentidiño y moderación, prohíbe fumar en espacios abiertos si no hay distancia de seguridad, lo que viene a ser una regulación de la gotícula.

No podrán los gallegos tirarse el humo a la cara como en una película de cine clásico. Esto parece de cajón, implícito en las medidas ya adoptadas, pero es sorprendente las cosas que pueden regularse cuando un político necesita dar imagen de eficiencia. La cercanía excita además el paternalismo, algo que se paga siempre con libertad o dinero ajeno.

Sobre lo del fumar no hay mucha evidencia científica, pero quién la necesita cuando tiene expertos. Uno decía ayer que no se conoce una medida igual en el mundo, pero es que en esta pandemia España ha sido llamada por la historia a ser pionera. Vamos por delante en brotes, rebrotes, encierros, desaceleración e intervencionismo.

Vivimos el estado de alarma más cuartelero del mundo y ahora es el turno de la creatividad autonómica. Otras comunidades estudian aplicar la medida de Feijóo, y en cuanto esto suceda, ¿qué hará Torra? ¿Se quedará quieto sin más? Algo tendrá que hacer para distinguirse, y una vez que haya movido ficha le tocará a Ayuso, pues Madrid no es cualquier cosa y no puede estar dos días sin dar imagen de vanguardia.

Hay una especie de competencia autonómica por la gestión, como taifas o cantones de la gobernanza, con nuevas ocurrencias avaladas por expertos, sus expertos, más expertos. Ocurre, y no es casual, con el Gobierno en segundo plano. Sánchez descansa y salen a lucirse las autonomías, lo que le viene muy bien.

El presidente ha dado la sensación de que puede ir federalizando el país por pura dejadez o simple interés, deslizarnos en ello por su inercia personal. La gestión de la pandemia ha ido normalizando que se hable de «los territorios», las constantes reuniones de presidentes o estas medidas con las que las autonomías hacen sus pinitos chinos, su foralismo de la gotícula.

Él observa desde la hamaca presidencial, como un emperadorzuelo de la gobernanza, como si fuéramos los Estados Pandémicos de España.

Hughes ( ABC )