REPUDIO PREVENTIVO

El madrileño Plácido Domingo emigró a México con solo ocho años de mano de sus padres, cantantes de zarzuela. Es su segundo país. En septiembre de 1985, un terremoto apocalíptico destrozó la capital. En la catástrofe murieron varios familiares del artista. Plácido se sumó a los desescombros y organizó varios conciertos benéficos, a los que logró sumar hasta al mismísimo Sinatra. México le acaba de mostrar su gratitud impidiéndole recoger un importante galardón musical.

El mes pasado también tomaron medidas profilácticas contra tan peligroso artista la Orquesta de Filadelfia y la Ópera de San Francisco, apeándolo de sus carteles para garantizar «un entorno de trabajo seguro», como si se tratase de un delincuente serial y violento. Hace poco más de un año, el Metropolitan de Nueva York rendía un gran homenaje a su más querido cantante por sus 50 años de carrera.

Plácido era un mito del Met: 706 actuaciones allí y otras 169 empuñando la batuta; récord de estrenos en la ópera neoyorquina, batiendo al divino Caruso. El pasado miércoles, la dirección del teatro forzó que Plácido se diese de baja en el «Otelo» de Verdi, con los ensayos ya en marcha, y anunciase que no volverá a cantar allí. Peter Geld, director del Met, intentó defender su presunción de inocencia.

En una reunión con los representantes de los empleados pidió que se le permitiese actuar a la espera de la investigación de la Ópera de Los Ángeles. Los trabajadores se revolvieron, extremadamente «preocupados» por tan inquietante presencia. La dirección del Met cedió e impulsó «su retirada para siempre con efecto inmediato». La batida se ha completado con su dimisión como director de la Ópera de Los Ángeles, institución que no habría existido sin él. Ya es persona non grata en Estados Unidos, aunque todavía se le permite cantar en Europa. Por ahora…

Toda la obra de Plácido, lo que él mismo llama sus «51 años gloriosos» de excepcionales triunfos, quedaron borrados de un plumazo el 13 de septiembre, cuando de manera inusual Associated Press lanzó un teletipo en el que nueve cantantes lo acusaban de acoso sexual, solo una con su nombre. Aquel día Domingo ya estaba muerto, pero todavía se permitió el canto del cisne: un sonado triunfo en Salzburgo.

Todavía denuncia judicial. No hay condena. Podría ser, en efecto, un baboso que sobaba a sus compañeras, un abusador que las amenazaba para conseguir sus favores sexuales. O podría no serlo. Habrá que probarlo. O había. Ahora da igual.

Se abre también un segundo debate: ¿Se puede anular toda la obra de un artista por su vida personal? Picasso llamaba a las mujeres «máquinas de sufrir». Algunas de sus múltiples amantes maltratadas acabaron en psiquátricos. ¿Descolgamos el Guernica del Reina Sofía? ¿Hacemos lo propio con los cuadros del convulso Lucien Freud? ¿Dejamos de escuchar a Pavarotti y a Freddie Mercury, de vidas amorosas tan floridas, o más, que la de Domingo?

Un día en las tablas del Met habrá una plaquita al lado del foso: «Aquí yace la presunción de inocencia».

Luis Ventoso ( ABC )