RESIDENCIAL

Junto a tantas desgracias, el Covid nos ha traído la moda de palabras nuevas, repetidas en los días más duros del confinamiento o en los presentes, en los que veo demasiadas alegrías cuando aún lo tenemos encima. Habrá muchas que irán derechitas al DRAE, como «desescalada», que hoy culmina y, ¿qué quieren que les diga?, me suena a alpinismo.

Pero ha habido otra palabra que casi ha desbancado y ganado por goleada a «desescalada»: «presencial». En las Universidades, colegios, Administración, en todos los trabajos, ¿cuántas veces se ha dicho la palabra «presencial», como la contraria de «teletrabajo» o «telereunión»? De momento, durante los duros días del confinamiento, las calles dejaron de ser «presenciales».

No había presencia de nadie y sí ausencia de toda actividad, madre del cordero de la crisis económica con la que vamos a batir todas las marcas de las ruinas. Los ordenadores le han ganado la batalla a lo «presencial», cuando no se podía ir a ningún sitio ni reunirse.

Por cierto, que hemos tenido en estos duros y mal llamados días un presidente nada «presencial», salvo el rollazo de palabrería mentirosa de sus sabatinas. Esta es la hora en que estamos esperando que hubiera aparecido, como era lo más lógico, por el hospital de campaña de Ifema, cosa que sí hizo Su Majestad el Rey, al pie del dolor y de la preocupación de los españoles.

Creía que como «desescalada» o como «nueva normalidad», esto de «presencial» era un neologismo de los muchos que ha acuñado la crisis que padecemos, por muchos aviones que empiecen a venir con turistas, por muy llenas que estén las terrazas de los bares y las mesas de los restaurantes, y por muy hasta la corcha que anden las playas acotadas como con corralitos para poder guardar la distancia entre sombrilla y sombrilla.

Pero no era como creía. El adjetivo «presencial» viene, y con el mismo sentido con que se ha puesto de moda, en el DRAE: «Que implica la presencia de la persona concernida. Clases presenciales o a distancia». Leyendo esta definición, vemos que hemos vuelto a inventar, con ordenador de por medio, la Universidad a Distancia, que existe desde tiempos de Rege Carolo.

Como hemos potenciado el trabajo a distancia, en casa, en pijama, como un marajá y sin tener que aguantar al jefe al lado. «Presencial» ha hecho desaparecer del habla palabras como «en persona» o «personalmente». Como todo se pega, leyendo las normas que cada autonomía ha dado para esta «nueva normalidad» (que no es nueva y que de normalidad no tiene absolutamente nada), seguro que muchos, cuando queden a tomar unas copas con unos amigos, dirán:

-Vamos a tomarnos unas tapas presenciales.

Y ha habido quienes han sido apartados de lo «presencial». Presencias que se han evitado intencionadamente. Entre ellas, la más indignante ha sido la de Sánchez con Don Felipe VI. Han tratado de que el Rey no haga nada de modo «presencial», confinándolo de hecho en La Zarzuela para que desde allí su alta responsabilidad no haya dejado de conectar por teleconferencia con todos los sectores de la sociedad española.

Me da la impresión de que Sánchez tiene a Iván Redondo y a todo un equipo pensando trastadas, marginaciones y feos al Rey. Por todos los medios han intentado que el Rey no aparezca como «presencial» en el dolor y la preocupación de los españoles.

A cambio, Fernando Simón y su Telediario de la Mentira sí que han sido diariamente presenciales. Como el solemne acto oficial en memoria de las víctimas del Covid, que presidirá el Rey. Con la de días que hay en el año, lo han puesto precisamente el 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, Patrona de la Armada, que es cuando el Rey entrega los despachos a los nuevos oficiales en la Escuela Naval de Marín.

Todo está tramado para que el Rey no sea protagonista «presencial», cuando es depositario de la esperanza y confianza de los españoles.

Antonio Burgos ( ABC )