La supuesta obligación de optar entre salud y economía es una de las grandes falsedades que nos está tendiendo la progresía a cuenta de la pandemia, fabricando una aberración argumental que nos puede acarrear innumerables desgracias.

Lo dijeron en Valencia hace pocos días Fainé, Goirigolzarri y Álvarez-Pallete. Pero lo dijo sobre todo Juan Roig, a quien cada vez que ignora las convenciones se le entiende todo: «No podemos elegir entre salud y economía, sería como elegir entre respirar y comer».

Vamos, que debemos preservar la salud sin detener la economía. Palabras como estas pueden hundir una reputación para siempre.

Salvo que el último gurú de la socialdemocracia mundial, Yuval Noah Harari, se convierta en improvisado socorrista del sentido común y asegure en «El País» que «el mayor peligro de la covid ahora es económico y político, no médico», pronosticando «el colapso» de regiones enteras del planeta.

Del acierto en ese sutil equilibrio entre el pan y la salud van a depender nuestras vidas.

Julián Quirós ( ABC )