El Covid se ha llevado a medio país al pueblo. Hay un retorno a las raíces. Esas que se entierran en la España vaciada y que nos permiten ser conscientes de las ausencias, las recientes y las que vienen de lejos.

Es justamente en esa recuperación de la calma, alejada del bullicio urbano, cuando uno ve el discurrir pausado de la vida, que siempre termina siendo corto.

Es tan breve la vida y tan largo nuestro lamento. Media España, consciente de su vulnerabilidad, ha decidido este verano volver al viejo camino por donde discurrieron los sueños de sus antepasados.

Esos lugares llenos todavía de huellas que nos retrotraen al atávico sentimiento de orfandad que nos acompaña desde el día primero en que venimos aquí sin que nadie nos haya pedido permiso para ello.

Las palabras para explicar todo ese sentimiento se nos mueren antes de que las pronunciemos. Es el síndrome del silencio que todo lo envuelve cuando regresamos a nuestros orígenes: ese paisaje idealizado, donde habitan, de la misma manera que en los palacios, las envidias y los odios.

De esta manera España ha vuelto al pueblo.

El Astrolabio ( ABC )