Pedro Sánchez se ha autocalificado como líder mundial y  salvo Adriana Lastra  y su monaguillo Rafael Simancas,   la gente se lo ha tomado a cachondeo,  incluido los socialistas que le conocen bien,  porque saben que su jefe es la nada dentro de una campana vacía en la que el eco se mueve a sus anchas.

Sin embargo yo creo que es el presidente más adecuado para el momento histórico que estamos viviendo, una etapa en la que la gente ha votado siglas creyendo que detrás de ellas había una ideología, pero en las listas de cada partido estaba, salvo excepciones, lo peor de cada casa.

Por eso Pedro Sánchez es el presidente más adecuado para los bueyes con los que está arando este país hasta dejarlo convertido en un erial.  Cualquier otro político de otra generación que hubiese gobernado España en estos tiempos, habría estado tentado de renunciar al cargo para regresar  a su casa y a su profesión y así no  para no acabar contaminado por el baldón que reclama como exclusiva propiedad Pedro  Sánchez.

El problema no reside solamente en el autodenominado líder mundial, sino en la actual clase política que ha convertido en referente ideológico a un tal Rufián que es un payaso que habla lento y dice estupideces del tamaño de una catedral construida por Gaudí, o a un colega de etarras con sangre en las manos, que usa la tribuna del parlamento para  escupir sobre los asesinados y como respuesta recibe el pésame del líder mundial porque uno de esos criminales se ha suicidado en la cárcel.

Con esos bueyes y con algunos otros cabestros a los que tiene incluso de ministros en su gobierno está arando Pedro, y mientras tanto la oposición que se dice democrática mariconea porque es mediocre y carece de liderazgo.

El parlamento actual representa democráticamente a la sociedad que le ha votado  pero no representa el nivel real de honestidad y competencia de los habitantes de nuestro país, porque en todos los estamentos sociales hay más dignidad, compromiso, madurez, solidaridad y sentido de estado que en las bancadas de la Carrera de San Jerónimo y por supuesto que en el Palacio de la Moncloa.

España ha jubilado anticipadamente a casi dos generaciones de políticos a los que han mandado a su casa los nuevos jefes de filas de los partidos, y hoy los que deciden nuestro futuro están entre treinta y tantos o cuarenta y pocos años, con más ambición que sabiduría  y  menos sentido de estado que irresponsabilidad.  

Desde entonces estamos en las manos de los dirigentes más mediocres desde la restauración democrática después de la muerte de Franco,  que  están jugando con nuestro presente y el futuro de nuestros hijos y nietos con dinero del monopoly, mientras ellos llenan sus bolsillos con euros de verdad.

En estas circunstancias lo más lógico es que el líder mundial que nos esté gobernando se llame Pedro Sánchez, un hombre cuya única  bandera es la hemeroteca en la que se acumulan sus mentiras y desmentidos sin que le tiemble la voz fatua con la que acompaña sus mensajes propagandísticos a la nación.

Diego Armario