RETROROCE SOBERANISTAS

La política no sólo es el destino, sino la culpable de muchas catástrofes. El desastre que estamos viviendo en Cataluña viene de lejos, pero ha rebrotado con los disparates del bloque independentista. Han pisoteado las leyes, han enterrado su país con sus propias manos y culpan de ello al bloque constitucionalista. La asonada supremacista tiene en la Corte un caballo mediático que pide diálogo como en los días en los que otros separatistas daban tiros en la nuca. En las tertulias se quedan solos los que defienden la Constitución o el espíritu de las leyes y no exigen la liberación de los “presos políticos”. Podría ocurrir que los delirios fanáticos de los independentistas triunfaran. Por ahora están siendo apoyados por la multitud: las patrañas se están transformando en verdades.

El espíritu de análisis es la doctrina oficial de la democracia; pero los independentistas han utilizado fabulaciones, lepra retórica y maniqueísmo infantil para enloquecer a la gente. Se ha apoderado de las calles un surrealismo catalán lacrimógeno, una rauxa sectaria de tapa de galletas. Digo lo de tapa de galletas recordando el diseño del museo Trías de las Galletas de Santa Coloma de Farners (Gerona) en que en las cajas dibujan el mapa del pancatalanismo, donde se incluyen Navarra, Murcia, Aragón, Albania, el reino de Nápoles, el reino de Sicilia y Atenas.

 Es como si Castilla quisiera imaginar anexionar a Filipinas. La rebelión ha sido urdida por los partidos independentistas con un presupuesto secreto. Preparaban la internacionalización del conflicto con sus embajadas y mordidas. Su programa de agitación permanente se ha acrecentado en estas horas preelectorales; denuncian “tratos vejatorios a los políticos catalanes como si fueran traficantes de droga”, hablan no de su golpe de Estado, sino el que supuestamente ha dado el Gobierno de Madrid. Comparan a la Audiencia Nacional con el TOP.

Mientras presumían de ser seguidores de Gandhi y de su resistencia pacífica, se rebelaron contra la mediación del lehendakari con los abades de Montserrat, Poblet y el Arzobispado de Barcelona para evitar el 155. Ya en el prólogo de las elecciones organizan boicots como el de Sant Andreu de Llavaneres contra un mitin de Albert Rivera e Inés Arrimadas.

Ahora presenciaremos el apetito de poder de los políticos y cómo se tragan unos a otros en las elecciones autonómicas-plebiscitarias. Algunas encuestas detectan un apoyo decreciente de los independentistas aunque los encarcelamientos -posiblemente aminorados antes del 21-D– y su utilización propagandística de mentiras y mártires puedan trastocar los sondeos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )