UN REY Y UN PAPA CON BOLAS

En estos días se dice en el Foro de Davos que los dos últimos enemigos de Europa, el nacionalismo -intoxicación de las masas- y el populismo -promesa de la felicidad social-, están retrocediendo. Con las pisadas de los antisistemas sobre la nieve, en la ciudad más alta de los Alpes -con presencia del Rey Felipe VI, la MerkelAna Patricia Botín-, la élite financiera que tanto detestan los populistas ha diagnosticado que se acabó el populismo, no el nacionalismo.

No hubo el tsunami populista esperado en Francia y en Holanda pero, primero el Brexit y después la sedición de Cataluña, siguen chantajeando a Europa. Felipe VI proclamó en Davos que la lección de la crisis catalana es que hay que preservar el imperio de la ley y el principio de la soberanía nacional. Quién nos iba a a decir que los reyes y los papas iban a estar en primera línea contra los zarpazos de la reacción; los reyes y los papas, a los que los anarquistas querían eliminar: “Empecemos con el trono y acabemos con el clero”.

Decían que Francisco había sido peronista, pero en su mensaje al Foro exigió asumir responsabilidades para acabar con la pobreza sin ardides neofascistas. Este Papa resucita a la Iglesia y demuestra que es un jesuita lúcido, que tuvo las bolas de proclamar que Darwin concibió la idea más prodigiosa y poderosa de todos los tiempos, aunque diera un golpe a la Teología. Descendemos -lo dice quien es infalible- de un mono con cola que se colgaba en los árboles.

Raúl del Pozo ( El Mundo )