EL REY SIGUE DEFENDIENDO A ESPAÑA

La presencia del Rey Don Felipe en los actos de inauguración del Mobile World Congress que se celebra en Barcelona constituye un honor para la ciudad. El desplante con el que su alcaldesa podemita, el expresidente autonómico a la fuga, el inoperante líder del parlamento local y varios representantes de la Generalitat han intentado afrentarle, constituye un honor para él. Porque no ofende quien quiere, sino quien puede, y las personas se retratan más aún por sus enemigos que por sus amigos. Si Colau, Puigdemont, Torrent y esos funcionarios autonómicos muy separatistas ellos, pero enchufados al cargo oficial y el sueldo público, no quieren compartir mesa y mantel con el jefe del Estado, significa que éste está cumpliendo ejemplarmente su deber de defender a España.

Don Felipe no solo honra con su presencia la Ciudad Condal, sino que proporciona un espaldarazo decisivo a un congreso cuyo emplazamiento estuvo a punto de cambiar como consecuencia del malhadado proceso secesionista que tanto dinero ha costado al conjunto de los catalanes y, por ende, de los españoles. Éste podría ser, de hecho, el último año que se celebra en Barcelona una reunión que se rifan todas las capitales del mundo por la proyección internacional que lleva aparejada y la cantidad de beneficios que deja en el sitio donde tiene lugar.

Tal vez la lideresa antidesahucios devenida en alcaldesa, el presidente de una cámara en la que todos cobran por no hacer nada, el cobarde huido de la justicia y sus acólitos de la administración autonómica piensen que su ciudad es insustituible, pero aquí nada ni nadie resulta indispensable para menester alguno. Dicho de otro modo; si la situación en Cataluña no se normaliza, se acaba de una vez por todas con el riesgo de disturbios y se garantiza el orden y tranquilidad propios de una región cualquiera de la Unión Europea, bien pudiera ser que el World Mobile Congress se fuera con sus millones de euros a otra parte, para desdicha de hoteleros, restauradores y demás beneficiarios de esta bicoca. Tal vez eso agradara a quienes viven del «cuanto peor, mejor», pero para el conjunto de los catalanes, y por ende de los españoles, sería una pérdida dificilmente reparable.

El hecho de que Su Majestad se tome la molestia de desempeñar un papel protagonista en la inauguración del evento obedece a su deseo de apoyar una celebración enormemente beneficiosa para Barcelona, por desagradable que le resulte recibir una pitada como la que oyó este verano, durante la manifestación convocada en contra del terrorismo yihadista que los independentistas tuvieron la vileza de transformar en algarada antiespañola.

Nuestro Rey está en la capital catalana porque es consciente de que su presencia suma en el teatro internacional, donde goza de gran prestigio. Es un activo de primer orden. Algo que cualquier dirigente político mínimamente informado y dotado de alguna cultura debería saber. La desgracia para los barceloneses es que Colau, Torrent, Puigdemont y demás integrantes del comité de bienvenida organizado para recibir a Don Felipe dándole ostentosamente la espalda andan tan faltos de formación y de mundo como sobrados de sectarismo tribal. Dicho en román paladino, actúan como verdaderos patanes empeñados en hundir al «pueblo» que dicen representar.

Isabel San Sebastán ( ABC )