Dicen de Ábalos que la expresión  no le cambia; la lleva como seña inspirada,  igual que la naturaleza  viste a bichos ponzoñosos con multicolor advertencia. La caradura es emblemática a la altura del facineroso, que cuela irregularidades con la misma astucia que oculta sus negocios.

Es el gánster de Pedro Sánchez, dicen, parece la caricatura de un tebeo, la faz del malhechor de ficción trasladada al gobierno. Que no engaña el espejo del alma cuando habla, ni disimula la intención navajera cuando amaga. Que si no fuera por los favores de la Fiscalía, y cuantos se dejan comprar, vendida tenía la vida en los tribunales con los trajines del Delcygate y su paseo por Barajas.
En las calderas de Pedro Botero guardan su retrato y el contrato de arras. Lo esperan pacientes. El gánster de cómic y el ministro de Fomento tienen en común la cara, de cemento, que no es casual espejo del alma.
Forma parte de una pandilla barriobajera con origen en el barrio de Tetuán, pasando por Andalucía con ministros de la estafa, ERE, y centro de mando en Galapagar. Acaso los marqueses supieran de las maletas y protegiendo al indiscreto, a sí mismos también lo hicieran. Que eso de comprar voluntades de la izquierda con lingotes de oro es cosa fea.
José Luis Ábalos por mucho que disimule, no engaña. Si acaso la mete doblada pero no hay mal que cien años dure, ni falta sin castigo cuando se rindan las cuentas. Y a éste seguro que algun día lo pillan con alguna trampa que como gánster, pinta de presidiario también se las gasta. Y si no es sobre la tierra, escurridizo como una lombriz, se hará justicia cuando muera, que estar en su lugar no es moco de pavo con la siembra que lleva.
Que en la jeta lleva mueca de asco no es lo principal. La de Ábalos está inspirada en el instinto de la naturaleza que avisa sobre lo tóxico; la impunidad de la apariencia no engaña.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )
viñeta de Linda Galmor