Llega otro 8 de marzo ignorando el genocidio, con esa justicia prostituida que encubre el asesinato de nuestros padres, no olvidamos, los caprichos de una manada sectaria que sigue engañando. Bendito sea el día de verlos juzgados, si no en esta vida, colgados de la soga de sus repugnantes siembras, balanceándose eternamente en la otra. Demonios.

Irene, Irena, Ireno no representa a las mujeres pues para tan digno honor hay que ser decente, sincera, abnegada, persona. No es válida aquella que vive del cuento desolladas las rodillas y no de fregar casas, siquiera de jugar con los hijos, más bien de concretas habilidades del más antiguo oficio  para escalar como los trepas, encaramarse como una mona al privilegio de los favores ajenos, mendigando llegar tan alto y precipitarse en la bajeza.
Ireno no es nadie para las mujeres bien hechas, a diferencia de la moral deforme y el ventajismo más rastrero, ser mujer no es hacer el ridículo con la bocaza presta que para otros menesteres le dio resultado a la marquesa.

Ser mujer no es cuestión de acomplejadas o de listezas dementes, tampoco de arribistas con rastrero desempeño comunista ni de vagos o maleantes del unidas podemos, no consiste en tener el coño como una mesa y alardear de ello, ni ser patética y repugnar por las facilidades de la amoralidad y la indecencia.
Ser mujer dista mucho de ser marquesa con catre gastado en pos de los delirios de grandeza, o disimular lo que se es con tremenda catadura y verborrea desatada, escupiendo los derechos del feminismo para vivir como una reina. Ser mujer no es Irene Montero, qué sabe de esfuerzo y nobleza, la ridícula ventajista que ganó a las otras montándose el arte a escondidas para luego ser pública vergüenza.
Con cabeza gacha la historia la representa que se coló de ministra tan fea jeta, peor es el interior que apesta a vagancia y al «quítate tú que pongo la cara y lo que sea». Que ganó la carrera del reservado, del refresco de pub y los méritos de puertas, abiertas, de par en par, de eso trata la excelencia de las avispadas para ganar la vida con trampa y deslizarse socialmente como culebra con ínfulas de realeza.
La sempiterna cajera representa a los de la sopa boba y la demagogia con excusas de igualdad para vivir del cuento. Ser mujer no es vivir apesebrada, ni tomar ventaja; ser mujer verdadera es mérito y dignidad ausentes en Irene Montero
Suerte tuvieron otros por no ser abortados.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )