Vaya la Irene borracha, y su troupe de sostenidos, a pasearse por Afganistán y muestre el mérito feminista de azuzar la verdadera bestia, a ver si la domestica. Desfile haciendo eses hacia la heroica batalla de abogar por las mujeres sobrias en territorio hostil.
Porque si a la cajera en España no se aguanta, los talibanes le dan pasaporte en cuanto abra la boca para escupir las monsergas del heteropatriarcado, las parásitas intoxicaciones pagadas a golpe de talonario a cuenta del Estado.
Marche a refrescarse y a explorar los bajos talibanes por si le dan puesto de ministra que eso sí sería proeza y no vergüenza cuando todo el mundo sabe cómo escaló la muy trepa.
Y con ella se aventuren los progretas que viven del cuento de la apología feministoide que no feminista, de la jeta en la protesta por cuanto cunden los millonarios chiringuitos montados con la mano por delante y la honradez retrasada. Parásitos.
¿Dónde están las defensores de la mujer, mujero, mujera, mujere? ¿Dónde los miserables de la protesta cuando no están amenazados? Canallas de vida fácil, mamarrachas.

Críe la ireno a sus rapaces entre barbas y metralletas, la sharia y el hacha y que le cunda el burka con la mordaza, así no haga la idiota en cuanto abre la boca. Váyase a freir espárragos después de trabajarse el de la coleta, y muestre en tierra extranjera la chulería que aquí se gasta, mártir de la causa morada, la vendan como esclava o la ejecuten, si se atreve la muy cobarde.
La Montero valiente para protestar por lo civilizado, menos humos gasta con quien de un tajo la lengua arranca. Calladita, agazapada la cuentista no escupe perorata si de la prostitución de tuteladas en Baleares se trata, ni rebuzna con la invasión talibán que a verdaderas mujeres amenaza. No le llega al tobillo a ninguna de las afganas que afrontan la muerte mientras esta bellaca calla.
Calladita como el coletas escondido, a la espera de que la tormenta judicial Dina escampe. Más le vale guardar silencio ahora que salen los millones cobrados de Ecuador, no sea que el chollo se le desmadre y termine juzgada con expectativa de cárcel.
La cajera que no dio palo al agua y se refrescó a lo podemita es la inútil ministra que abusó de niñera pensando que el mundo es jauja. ¿Dónde se esconde la cajera con su insoportable verborrea, patética arribista, fresca del barrio? Cuanto mas alto suba, más dura la caída… y no será que vuele para Afganistán sino al juzgado que en una de éstas de bruces aterriza.
Ya puede ir cogiendo medida al traje de presidiaria que si cobró millones de Ecuador la condena está cantada. A no ser que vuele con los talibanes y se suicide en un punto morado con ese discurso cansino que no aguanta ni el mozo de carga, su heteropatriarcal padre.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )