RIVERA, EN LA ESCALERA

En la vida nada es para siempre. Aún menos, en política. Es cierto que la coherencia es una virtud que se agradece, pero anda prácticamente desaparecida de la escena pública española. De todos modos, no hay que ser tan corto de vista como para obsesionarse con una idea o defender numantinamente una posición.

La flexibilidad es un rasgo de inteligencia ante una realidad cambiante. Escribo todo esto a propósito de la incertidumbre política actual, donde un PSOE con un raquítico resultado reclama, pese a que ellos repitieron «no es no», que se les apoye como sea.

España bien merece que algunos de sus representantes conviertan este callejón sin salida en oportunidad y traduzcan su aval al escaso triunfo socialista en una oferta de regeneración; una puesta al día de la vida política que, al fin y al cabo, tanto nos afecta.

Me refiero a Albert Rivera, el líder de Ciudadanos llamado a tantas cosas y que puede quedarse en la escalera, sin saber si subir o bajar. De momento, el bipartidismo que algunos daban por arrumbado asoma de nuevo. Su irrefrenable subida se puede llevar por delante a más de uno.

El Astrolabio ( ABC )