RIVERA: LLEGA EL FONTANERO

No van despacio las cosas de palacio. El Rey Felipe VI ha recibido en la Zarzuela a los dirigentes de Equo, UPN, Coalición Canaria, Galicia en Común, IU, PNV; hoy recibirá a los líderes que faltan. Cuando parecía que el sistema constitucional seguía roto y no lo sabían desatascar los políticos, Albert Rivera ha llegado, como el fontanero con el maletín de herramientas, para arreglar la avería.

Se incumplió el vaticinio de Alfredo Pérez Rubalcaba en vísperas de su muerte: «Después de haber prometido de forma tan contundente que jamás apoyaría a Sánchez, ni su partido, ni sus votantes le perdonarían a Rivera un embuste, ni siquiera por razones de Estado».

Se equivocó Alfredo y le enmendaron la plana los jóvenes políticos más maquiavélicos que él. Estos pollos emergentes ni dicen lo que creen ni creen lo que largan, sustituyen la promesas por la utilidad y los resultados por las lealtades. Mienten porque saben que unos electores son idiotas, otros desmemoriados y otros fanáticos de la razón de partido más que de la razón de Estado.

Hace unos meses trató como una pandilla de pícaros a los que siguen a Pedro Sánchez. A pesar de haber prometido que jamás apoyaría a la banda, ahora le ha ofrecido un caballo para saltar desde el bloqueo. García-Margallo ha cacareado enseguida diciendo que Albert Rivera es un gran estadista y gran español, aunque Inés Arrimadas, cabreada y desesperada, ha culpado a Sánchez del fracaso y de ser incapaz de llegar a acuerdos con sus socios. Pero Pedro Sánchez, como el sacerdote Laocoonte , ha desconfiado del regalo y ha mandado quemar el caballo de Troya: golpe de Estado en Navarra, 155 en Cataluña, indultos a los del procés y quema del programa PSOE.

Los fontaneros de Ferraz se han apresurado a filtrar que Rivera ya está bizcochable para la investidura de Navidad y ha salido del armario por el follón interno y porque se hunde en las encuestas. Los plomeros de Génova también largan: lo de Rivera es un intento a la desesperada para salir en los periódicos con otro perfil y el tráiler de la próxima investidura en la que quedará con 35 diputados, buscando un hueco en la banda de Sánchez para no irse a su casa.

Vamos a ver quien es el que se equivoca al final de la opereta en la que Pedro sigue pensando que no hay nadie indispensable excepto él mismo. Una vez que ha desplumado a Pablo Iglesias no quiere que nadie lo descoloque del centro, desde donde espera una mayoría cautelosa y caudalosa. Aunque no es imposible un gobierno deprisa y corriendo.

Raúl del Pozo ( El Mundo )