ROBARON ANDALUCÍA

El PSOE y toda su farfolla mediática quieren evadirse de los ERE por la rendija. «Ninguno ha robado nada ni se enriqueció personalmente» es la consigna escrita en algún teclado de Ferraz, donde el departamento de propaganda difunde también entre tertulianos y pregoneros de la causa otro lema sentimentaloide: Chaves y Griñán son muy buenas personas. Este truco forma parte de la idiosincrasia andaluza. Yo le llamo el «síndrome del buenagentismo». Funciona así:

-Fulano no sabe hacer la o con un canuto.

-Ya, pero déjalo, que es muy buena gente.

El PSOE trata de llevarse a su terreno el ardid de la conmiseración con el afligido.

-Chaves y Griñán crearon un sistema de desvío de fondos públicos para utilizar el dinero a su antojo y dirigir Andalucía con total nepotismo.

-Ya, pero son muy buenas personas, pobrecitos.

Por culpa del «buenagentismo», que es una estrategia de seducción trasnochada consistente en disfrazarse de simpático para tapar desmanes inconfesables, Andalucía está sumida en un atraso endémico del que tardará en salir décadas.

Me duele decirlo, porque nada hay más hiriente que tirar puñados de tu propia tierra al abismo de la rabia, pero los andaluces hemos sido sometidos durante décadas a un régimen devastador que no permitió progresar a los mejores, sino sólo a los compadres aunque fueran inútiles.

Lo que describe la sentencia de los ERE es exactamente eso. La construcción de una toparquía. Se obvió la ley para convertir lo que es de todos en una herramienta al servicio de los mesías para controlar voluntades y pudrir las urnas con papeletas-diezmo. Yo te salvo, tú me votas. El caso tiene muchos detalles nauseabundos, pero creo que con este será suficiente.

Los popes del socialismo mantuvieron durante más de una década en el sillón del reparto de los fondos a un señor, Francisco Javier Guerrero, con el que yo mismo me iría de juerga, un jovial seductor que distribuía la pasta en el reservado de un bar de copas, llamado Caramelo, por el que pasaban los empresarios afines a coger su parte entre gin-tonics. La historia sería inverosímil en una novela, pero en Andalucía ha sido real.

El PSOE lo dominaba todo entonces. Sabía, como han demostrado los papeles de Huévar, a quién votaba cada vecino. Daba medallas a mindundis de la cuerda y se las escatimaba a eximios científicos que no hocicaban. No hacía falta tener otra ideología.

Bastaba con no adular a los poderosos para caer en el más denigrante ostracismo. Mientras tanto, se falsificaban los datos sobre la calidad de la educación, que aún se imparte en caracolas en muchos pueblos del Sur. Se ocultaban las vacunas y las listas de espera en la sanidad.

Se enchufaba a familiares que no habían dado un palo al agua en su vida. Se subvencionaba a asociaciones creadas por militantes socialistas y a empresarios que otrora habían sido alcaldes del gran mapa rojo. Se pagaban putas con los remanentes de tesorería.

Y dicen que no se enriquecieron. ¿Acaso adulterar el sistema y crear pobreza para hacer depender a los demás de ti y de tu omnipotencia no es enriquecerte? ¿Dar los fondos públicos a tus prosélitos negándoselos a tus opositores no es enriquecerte? ¿Crear una administración paralela para hacer funcionarios a tus parientes sin oposiciones no es enriquecerte?

Lo que no entienden algunos es que hay dos lugares a los que los corruptos desvían el dinero: a una caja fuerte en Suiza o a su sillón vitalicio. Pero el latrocinio de los ERE no sólo consiste en que los condenados y el partido se beneficiaron perpetuándose en el poder.

Es mucho peor. La sentencia confirma que estas buenísimas personas que hacían listas negras sonriendo nos robaron, cordialmente, la Junta. El sistema. La igualdad de oportunidades. Andalucía.

Alberto García Reyes ( ABC )