Hace tiempo que Pedro Sánchez erradicó del PSOE cualquier plataforma crítica o cualquier núcleo de disidencia. Creó un sistema de poder omnímodo, solo compartido con Iván Redondo, hasta tal punto que, salvo un par de barones regionales de ‘atrezzo’ que en realidad nunca le plantan cara, y salvo algún antiguo dirigente como Felipe González, nadie se atreve a discutirle la cacicada de insinuar que indultará a los líderes golpistas catalanes.

Al contrario, sus acólitos le apremian para que tramite los indultos cuanto antes, deje de hablarse de ellos, y suavice su desgaste.

Lo cierto es que Sánchez y Redondo han convertido el PSOE en un partido irreconocible, capaz de sostener que, por concordia, la democracia está en deuda con unos golpistas que no se arrepienten, y capaz también de hacer ver que los jueces son vengativos.

Es inexplicable que el PSOE esté tan sometido y sojuzgado. Y también, que algunos ministros conscientes del error no dimitan. Pero ese es el ecosistema de Sánchez.

ABC

viñeta de Linda Galmor