RUBALCABA

La muerte habita en nuestra cotidianidad, aunque en contadas ocasiones nos percatamos de ello. Solo cuando su visita nos golpea inesperadamente sabemos que la vida sigue siendo la enorme paradoja a la que llegamos con una única certeza, que es el morir.

Por eso en ocasiones uno vislumbra el ridículo que protagonizan tantas actitudes fatuas en la vida en general y en la política en particular. En ese biosistema contradictorio y desasosegante que es la cosa pública fue donde Rubalcaba se movió como nadie, con su característica agilidad mental.

Formaba parte de esa categoría de hombres que pudieron reinar y se quedaron en las casillas finales del tablero. ¡Cuántas veces el talento no tiene la recompensa que se merece! Digan ahora lo que digan, yo puedo asegurarles que a Alfredo Pérez Rubalcaba no le gustaban los aires del socialismo actual.

Él era un socialdemócrata clásico. Poseía una enorme pulsión por el poder y manejaba como pocos el arte de la negociación, aun cuando en ese proceso siempre afloraba ese toque artero que tanto irritaba a sus oponentes. Fue un buen servidor de España. Descanse en paz.

El Astrolabio ( ABC )