Los conchabeos contractuales entre el presidente de la Federación de Fútbol, Luis Rubiales, y el jugador del FC Barcelona y empresario Gerard Piqué, podrán ser legales -o no-, pero en ningún caso responden a los más elementales criterios de la ética empresarial o deportiva.

Asimismo, la del comisionista es una figura legal en España siempre que cualquier eventual abuso no sobrepase el terreno de lo lícito para invadir el Código Penal.

Pero aquí no hay solo serias dudas de incompatibilidades, por las cuales un jugador en activo de un club implicado en la Supercopa no debería condicionar ni dónde se juega, ni a cambio de cuánto dinero, y menos aún si el negocio redunda tanto en el sueldo de Rubiales como en las ganancias de Piqué.

Hay además un problema de estética del negocio y de intereses en la sombra que chocan con la neutralidad, o con la apariencia de neutralidad, que es exigible a la Federación.

Rubiales debe abandonar el cargo porque no aplica la limpieza y la transparencia que predica.

ABC