SABER GANAR

Si la vida te da sorpresas, nada te digo de la política. La difícil negociación entre las tres derechas (una ciertamente menos derecha que las otras dos) para la investidura del presidente de la Junta de Andalucía nos ha descubierto a muchos la mano izquierda de Pablo Casado y, sobre todo, de García Egea, el hasta ahora casi inédito secretario general del PP.

Y su discurso de investidura ante el Parlamento andaluz, con la chusmería a la puerta, nos ha descubierto, o al menos le ha descubierto a servidor, la capacidad de liderazgo de Juan Manuel Moreno Bonilla. A quien no llamo «Juanma», como todos, porque no he estado con él en el colegio y porque merece el respeto de quien hoy será elegido presidente de todos los andaluces.

Y yo sé lo que me digo cuando escribo «de todos los andaluces». Y no como otros, que se creyeron durante casi cuarenta años que Andalucía era suya, nada más que de ellos. Que PSOE, Junta y Andalucía eran una misma cosa. Y a los demás, escrache que te crió. ¿Traspaso de poderes? No lo aceptan. Y se aferran a sus centros de poder. Sólo traspasan a la calle el poder de las urnas que perdieron.

Calle que dominan como nadie. Hay que reconocer que, si serán recuelos del franquismo sociológico con sus autobuses pagados al Valle de los Caídos, de los Caídos del poder con Susana, que la frase famosa de Fraga es ahora la que ellos proclaman: «La calle es mía». Unos maestros en el dominio de la calle. La derecha es incapaz de esta desfachatez de movilización.

¿Se imaginan que la derecha hubiera rodeado el Congreso durante la moción de censura a Rajoy, trayendo de toda España estómagos agradecidos en autobuses gratis, contra un presidente Sánchez al que sacaron adelante los golpistas separatistas catalanes, los proetarras y los comunistas bolivarianos? Pues esto es lo que ocurrió ayer lamentablemente ante el Parlamento andaluz.

Pero ocurrió también que de pronto, sorpresas que te dan la vida y la política, nos encontramos nada menos que con todo un líder: con Moreno Bonilla. Igual que los médicos te mandan análisis de lípidos y triglicéridos, le he hecho a su discurso de investidura un análisis de palabrería y vana retórica y no me ha dado ni indicios. Todo sustancia. Como hubiera dicho Anguita: «Programa, programa y programa».

Para nada menos que un cambio de ciclo. Tras haber comprobado que Andalucía sigue siendo el Tercer Mundo del paro y el mal gobierno. Lo que decía como caricatura de los discursos de Franco el ex ministro de la CEDA don Manuel Giménez Fernández: «Si estando como estábamos estamos como estamos, ¿cómo estaríamos si estuviéramos como deberíamos estar?».

Tras escucharlo en su discurso exento de retórica y palabrería vana, no dicho en Politiqués, sino en español de Andalucía, en español de Pemán y de Alberti, muchos andaluces tenemos la esperanza de que con Moreno Bonilla podemos empezar a estar como deberíamos haber estado tras tantos lustros de Régimen socialista. Cuando se produjo el sorprendente resultado del 2 de diciembre, escribí: «Ya era hora». Moreno Bonilla dijo ayer: «Ya está bien». Ya era hora y ya está bien de ser el farolillo rojo de España.

Y todo esto, sabiendo ganar. Si la izquierda tiene muy mal perder, y organiza autobuses al Valle de los Caídos de Susana para la algarada contra las urnas, la derecha (al menos Moreno Bonilla) tiene muy buen ganar. Si piden que me quede con un pasaje de su discurso, supresión de las subastas de medicamentos y del Impuesto de Sucesiones, y justicia a las víctimas de la ETA aparte, elijo el que, todo un señor, dedicó a Susana Díaz, la que había apoyado a la chusma en la puerta.

Una lección de caballerosidad. Moreno demostró que sabe ganar. Y Andalucía se encontró con que ha ganado un líder y un modelo para el cambio de ciclo: «Ya está bien» de Régimen. Dicho en currista: Sanseacabó.

Antonio Burgos ( ABC )